Hiel de Palma (por Felipe Clemente)

No, no es un error, ha leído biendice “hiel de palma” en lugar de “miel de palma”. Al cambiar una letra, transformamos por completo el significado de la expresión. Pasamos de dulce a amargo en un instante. Nuestro cerebro recibe el impacto de las ideas de lo dulce y lo amargo. Esto demuestra la importancia de la correcta definición del concepto de lo que debe entenderse como miel de palma.

El objetivo de este artículo es fomentar la defensa del patrimonio e identidad de La Gomera, como han hecho antes otras personas, en referencia a la denominación de la miel de palma para que se permita su uso y comercialización. Asimismo, resaltar a nivel social, lo que ha implicado la prohibición por la UE del uso de la denominación “miel” de palma en el etiquetado. La miel de palma no solo es un alimento, también es un símbolo gomero unido a otro símbolo canario como es la majestuosa palmera canaria (phoenixcanariensis). No hay gomero que no defienda al guarapo y a la miel de palma como majares y los sienta tan suyos como la sangre que corre por sus venas. La miel de palma forma parte indiscutible de la identidad de La Gomera y de Canarias.

Tratar, ahora, este asunto puede parecer una frivolidad debido a las consecuencias de la pandemia. Sin embargo, debemos aprovechar este confinamiento para despertar de este letargo conformista que padecemos. Debemos recapacitar, hacer autocrítica y aprender de los errores para extraer las lecciones que nos faciliten encarrilar mejor el futuro. Debemos aprovechar correctamente nuestros recursos y uno de ellos es nuestro talento como pueblo. No podemos perder fuerzas en lamentacionespedigüeñas y añoranzas.

Sabemos que, desde el año 2014, no debe figurar la expresión “miel de palma” en el etiquetado de los envases debido a una normativa europea que entiende que la miel es el producto elaborado por las abejas. A grandes rasgos esa normativa pretende defender los derechos de los consumidores comunitarios para que no se venda como miel lo que, en sentido estricto, noes miel, o sea, que no se venda gato por liebre. El problema ha sido que en la UE no han contado con la singularidad de La Gomera. 

Sin entrar en detalles sobre la legislación y su aplicación, esta regulación comunitaria arranca con la Directiva del Consejo 2001/110/CE de 20 de diciembre de 2001, relativa a la miel. Por tanto, debemos reconocer desde una autocrítica constructiva, que tanto las autoridades, como los productores y la sociedad insular en general, hemos tenido tiempo más que suficiente para actuar en defensa de la denominación original de la miel de palma. Incluso se podría decir que ha faltado previsión a la hora de proteger algunas de las señas de identidad de La Gomera. ¿Nos hemos dormido en los laureles y pecado de exceso de confianza? ¿Volverá a pasar algo parecido?

A pesar de ello, no podemos hacer responsables de lo sucedido a los productores de miel de palma pues son los primeros perjudicados por no poder comercializar el resultado de su trabajo, tan esforzado y arriesgado, con la denominación histórica y justa que merecen. Salvo contadas y honrosas excepciones, los productores no han contado con un sólido respaldo social más allá de las expresiones de apoyo en redes sociales. Lo que a todas luces ha sido insuficiente.

Desafortunadamente, en contra de los productores han influido varias circunstancias como su limitado poder de influencia institucional, un mercado muy restringido en el que ofrecer su producto, la desunión social y administrativa, el conformismo casi endémico, la falta de un respaldo continuado y firme desde las instituciones y autoridades competentes e interesadas. No bastan las notas de prensa patrioteras de indignación para cubrir el expediente de cara a la galería. La Academia Canaria de la Lengua publicó un informe llamado “En defensa de la denominación de la miel de palma” que puede ser consultado en la web del Cabildo Insular sobre los alimentos de la gomera. Poco más sabemos.

Nadie cuestiona que se deben emprender acciones para defender la miel de palma. Una solución posible sería promover ante la UE una denominación y etiquetado propios, como un producto artesanal geográficamente singular único en el mundo, que no tiene nada que ver con las abejas. Habría que buscar un encaje normativo más adecuado.

La miel de palma es de quien la trabaja, pero también es un símbolo de identidad de La Gomera que no puede consentirse socialmente que desaparezca por inacción institucional ante la regulación comunitaria. Por tanto, concierne a toda la isla y a Canarias su defensa. No puede darse todo por perdido y rendirse por pensar que Europa nos queda lejos. Tenemos talento para luchar. Se pueden emprender muchas acciones. Como anécdota, que puede servir de inspiración, recordar que a la boda del ahora Rey de España los propietarios de una empresa artesanal gomera tuvieron la ingeniosa idea de enviar un lote de productos locales como el almogrote. Esa acción obtuvo una respuesta de agradecimiento desde la Casa Real. Fue un gesto muy inteligente que supo aprovechar el momento preciso.

La Gomera tiene un Cabildo con 17 consejeros incluido su presidente, 6 municipios con sus respectivos alcaldes y concejales, 4 diputados autonómicos y un senador que deben impulsar la defensa de la denominación de la miel de palma. Además, hay un aparato administrativo de funcionarios y asesores en cada administración que pueden respaldar y facilitar esa labor. También se debe implicar al Gobierno de Canarias junto con el Instituto Canario de Calidad Alimentaria, al Parlamento de Canarias y a los 2 eurodiputados canarios, Gabriel Matos y Juan Fernando López Aguilar. Por supuesto, sin excluir a otros agentes sociales y económicos implicados, porque estamos hablando de una actividad empresarial artesanal.

Hay que revertir lo sucedido con la miel de palma, recuperar la merecida denominación, y evitar que en el futuro se repitan hechos similares en otros ámbitos como, por ejemplo, el almogrote. La Gomera no puede dormirse, ni caer en el conformismo, ni permitir que se humillen sus señas de identidad. No son tiempos para localismos patrioteros, ni personalismos, son tiempos para la unión de fuerzas y la colaboración mutua.

Felipe Clemente Morales. Abogado.

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