Salvador Palmero: un gomero que batió a ¡Bobby Fischer!

“¡Perdiste chambón!”. Esta fue la expresión del niño José Raúl Capablanca y Graupera, dando la voltereta en el suelo, cuando a los cinco años batió a uno de los amigos de su padre, que acudían regularmente a su casa a jugar al ajedrez… .

El término “chambón” se aplica a alguien que tiene una escasa habilidad en el juego. Y es muy utilizado en gran parte de América Latina. También, como no, en Venezuela, país a donde fue a parar nuestro personaje de esta crónica a mediados de los años cincuenta.

De pie, Salvador Palmero.

Don Salvador Palmero tiene en la actualidad 76 años y posee en su haber un record totalmente histórico. ¡Batió a Bobby Fischer! en una simultánea que el genial ajedrecista dio en Caracas en 1960.

Posiblemente él y el eminente Maestro Internacional Antonio Medina, español de nacimiento, pero nacionalizado venezolano, sean de las pocas personas de origen español que hayan conseguido batir al gran genio por autonomasia del ¡ajedrez universal!.
Salvador nació en la Isla de la Gomera,en Vallehermoso. Miembro de una familia amplia de 11 hermanos. En 1941 un curioso hecho fue la causa que hizo que pocos años más tarde su vida cambiase por completo: su hermana mayor se casó con un ingeniero venezolano y se fue a vivir a Caracas.

Cuando meses después del acontecimiento, llegaban a su pueblo cartas desde Venezuela, con recortes de revistas y periódicos, toda la familia quedaba prendida inmediatamente por el encanto de la “Tierra de Gracia”, como Cristóbal Colón la denominó.
Vallehermoso era entonces, nos dice, un pueblo muy pequeño. “En él habían sólo un coche y dos camiones…”· Pese a que el cabeza de familia gozaba de una posición económica holgada, 7 de sus hijos (incluido Salvador) se ¡fueron para allá!.
Antes, Salvador había estudiado la carrera de Perito Agrícola en la Universidad tinerfeña de La Laguna (sede de la actual “Universiada ajedrecística” que se desarrolla felizmente con carácter anual). También había compartido sus estudios con la práctica del fútbol, siendo componente del famoso equipo lagunero del Juvenil Hespérides.
Don Salvador, mientras nos cuenta su historia, nos enseña una foto suya de la época. Caramba, ¡era todo un dandy!.  Cuando llega a Caracas, pronto se aficiona al ajedrez e ingresa en un club muy humilde, el del Barrio de Sarría.
Empieza a jugar en 3ª categoría y pronto casi por talento natural sube a 2ª y enseguida se planta en la 1ª División Nacional. Por su don de gentes (¡las novias no le faltan!) empieza a ser conocido en el Distrito Federal. En el ranking oficial ajedrecístico de 1958 ocupa el puesto décimotercero de Caracas.
Otra curiosa anécdota, ésta relacionada directamente con el ajedrez, le hará cambiar de nuevo, su vida. Resultó ser que entre torneo y torneo conoció a un recién aficionado al juego-ciencia, que tenía una empresa de topografía, el profesor Miguel Carnicero. Hizo amistad con él y éste le requirió (tras un curso realizado en 1959) para que formase parte de su propia empresa . Así pasó de trabajar en una librería a desarrollar este interesante trabajo. Pero mientras sus compañeros topógrafos realizaban diariamente sus labores de medición del terreno, Palmero en el despacho principal de la empresa, ¡le daba clases de ajedrez a su jefe!. Tal fue la afición surgida que en cierta ocasión Carnicero debió enfrentarse en un torneo a un gran campeón venezolano, Napoleón Alberto Caro. La diferencia entre ambos aún era notable y Carnicero pronto fue “barrido” (¡como un chambón!) del tablero.

Pero un tiempo más tarde, en 1965, tras arduo estudio de la teoría de la Defensa Francesa, Carnicero, dispuso para su entrenador Palmero y su familia (su mujer y entonces una niña recién nacida; luego llegaría otra hija y un hijo) del mejor hotel existente en el lugar de la nueva contienda (lejos de Caracas) donde Carnicero se iba a medir de nuevo a Caro. Esta vez el resultado fue favorable para sus intereses pues Carnicero derrotaría con negras y con la ¡Defensa Francesa! a su gran rival y de este modo Palmero, siguió progresando profesionalmente en su trabajo (bien remunerado, por cierto) de ¡topógrafo!.

Cuando le requerí a Don Salvador que me contase cuál había sido su mejor partida de competición me sugirió aquella que le había enfrentado al Dr. Irving Perret, un multimillonario constructor de la gran Urbanización La Floresta, en Altamira. Palmero, sin complejos, ganó una brillante partida, que terminó con ganancia de una pieza en el medio juego.        

Desde principios de los sesenta, Palmero era todo un experto del ajedrez en Caracas y era ampliamente respetado por sus rivales, donde los mejores formaban un “coto cerrado” en el que era muy difícil entrar.
Cuando se enteró de que Bobby Fischer llegaría a la capital venezolana invitado por su amigo Isidoro Cherem (empresario de productos de importación y personaje de gran educación estudiantil) para realizar varias exhibiciones, Palmero pronto se encargó de “reclutar” a los mejores ajedrecistas venezolanos para dignificar la presencia en aquel país del que ya era reconocido, con sólo 17 años, como genio del ajedrez.

Así, sólo una semana después del torneo de Buenos Aires de 1960, Fischer hizo acto de presencia en la capital venezolana. Atrás había quedado el peor torneo de la historia de Bobby, pues quedó clasificado en el puesto décimocuarto de un total de veinte ajedrecistas. Sus cinco derrotas (Unzicker, Uhlmann, Benko, Wexler y Eliskases) cosechadas en aquella competición todavía le escocían. Bobby no estaba pues en plenitud moral cuando llegó a Caracas y en general se le vió bastante cariacontecido. Falta de costumbre a esa extraña situación ¡sin lugar a dudas!.

Y por fin llegó el gran día. Fue el 2 de agosto de 1960. Lugar: El Patio Deportivo del Lar Gallego, en la Avenida Las Acacias de Sabana Grande de Caracas.
Bobby dio aquella simultánea a 47 tableros desde las 20,30 h. hasta la 1,40 h. de la madrugada. Tardó pues en terminar 5 horas y 10 minutos. Al final cosechó el siguiente puntaje: +39 =6 – 2.
Los vencedores fueron Pedro Galarraga y este ¡prodigioso jugador gomero!, Salvador Palmero.

Pedro Galarraga era también una persona inteligente. Resultó ser luego concejal de uno de los distritos más ricos de Venezuela, el de Sucre, del Estado de Miranda; una zona fundamentalmente industrial. Un personaje que empezó en la política desde la humildad. Iba de un lugar a otro con su coche de 10 años, mientras otros políticos se desplazaban en modelos como Mercedes y muchos hasta con chófer. Esa popularidad le llevó hasta lo más alto, presidente de su propio distrito, pero años más tarde (lamentablemente) y según Palmero, Galarraga se vería implicado en un tema de “corrupción” política… .

Recuerda también Palmero que Fischer tomó una actitud despectiva en aquella partida con Galarraga cuando de repente perdió su dama y tuvo que verse obligado a abandonarla, desarrollada bajo el Ataque Yugoslavo contra la Variante del Dragón de la Defensa Siciliana.

Mientras me lo contaba, enseguida le vino a la memoria a Palmero un precioso cotejo de Bobby que en aquella ocasión no es que perdiese la dama sino que la entregó, para conseguir una brillante victoria.

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