Egoísmo en tiempos de pandemia (por Romero Chinea)

Probablemente la palabra que busque para describir la sensación que tengo ahora mismo no se haya inventado, creí que se trataba de indignación pero no es, ya he estado indignado en otras ocasiones y esto lo supera con creces. La mezcla de rabia, impotencia, la misma indignación de la que hablaba y combinado con una cierta dosis de pena es lo que en estos momentos me recorre el alma. Todo provocado por algo que no creí tener que ver ni leer en estos tiempos que tenemos que recorrer.

Ayer, no lo había visto antes, encuentro una publicación de un amigo en una red social donde agradecía el apoyo mostrado por tanta gente tras una publicación suya. Conociéndolo sé que algo bastante grave debió ocurrir y decido investigarlo, pero jamás pensé que se tratara de algo así. Voy a poner en contexto un poco esta historia.

Jesús, así se llama este amigo, es médico, de esos que durante estos días están dejándose literalmente su salud para curársela a los pacientes que están afectados por esta brutal pandemia. Uno de esos que como buenamente pueden hacen de sus turnos extendidos, 12 horas, una labor extraordinaria combatiendo de tú a tú con un enemigo invisible del que poco se conoce y que como decía se dejan hasta el último aliento de sus almas. Es uno de esos a los que cada tarde a las 20:00 horas, las 19:00 horas en Canarias, salimos a aplaudir y a llamar héroes aunque a ellos no les guste ese término porque lo hacen por una extremada vocación de servicio hacia los demás. Pero que instantes después algunos se olvidan y vuelven a mirarlos como si de escoria y apestados se tratase, y es que a Jesús uno de estos días que regresaba de su trinchera donde está salvando vidas en el hospital La Mancha Centro se encuentra con un papel pegado en su puerta donde se le insta a que no regrese a su propia casa, donde vive solo y no tiene contacto con nadie, donde solamente va a descansar si es que puede y a comer lo que pueda.

Tras leer ese papel, donde le dice que reconoce su labor pero que piense que en ese edificio hay niños y personas mayores se le deja caer una especie de amenaza para que abandone su residencia, no hay empatía en las letras escritas a través de una impresora, no vayan a conocer la letra y puedan averiguar quién lo escribió, no hay ni una pizca de responsabilidad propia, pues al parecer, ignorante escribiente, lo que te preocupa es que pueda pasar unos momentos por las zonas comunes hasta llegar a su casa y no has recapacitado que tú no tienes que pasear por ellas en ningún momento salvo los esenciales. Que es tan atrevida tu ignorancia propia que crees que por ser médico y estar en la línea de fuego no conoce y no aplica los protocolos de desinfección y que está dispuesto a ir contagiando a los demás. Tú que solo ves tu mundo, no has entendido de la suerte que tenemos por tener profesionales de este calibre que no paran, que no descansan y en ocasiones con medios que ni te podrías imaginar para sacarnos de esto y que ya solo les falta la inexistencia de la empatía por parte de sus convecinos, la falta comprensión y la desfachatez de siquiera insinuar que se vayan de sus domicilios. ¿Pero tú sabes a que presión están sometidos como para que vengan ahora personajes de tu calaña a presionarlos más aún con esto? Apelas a su responsabilidad, pero ¿y dónde está la tuya? ¿Dónde está la de los que cada día sois capaces de hacer lo mismo que en este caso a enfermeras/os, auxiliares, celadores/as, personal de cocina, limpiadoras/es o incluso a los propios trabajadores de los servicios esenciales y básicos a los que habéis inclusive insultado desde el anonimato de vuestras ventanas y balcones?

He de confesar que esto no fue lo único que me sorprendió, lo único que me hizo saltar de mi asiento y me hizo padecer las hieles más amargas por injusto, doloroso y despreciable. Alcanzar a leer comentarios de otros colegas médicos que dicen que es una falta de respeto para sus profesiones publicar esa nota y que debería de haberse callado fue de las que más me hizo sangrar. Pues miren, no. No se tenía que callar, porque ya está bien de asumir que los demás dan por hecho que son seres inferiores y que están al servicio de la gente y tienen que callar. Injusticias ninguna, reconocimientos todo el que se merezcan.

Hoy le tocó a Jesús, al que conozco desde hace muchos años y del que sé que cuando decidió ser médico fue porque en su interior sentía que su manera de aportar en la humanidad era salvar vidas, algo que tenía claro desde que era un crio, lo vi crecer cada verano que visitaba a su abuelo en la isla de La Gomera y hoy está cumpliendo aquella profecía que anunciaba cuando hablábamos del futuro y él ponía su énfasis en la medicina con el ejemplo de su padre y su madre, médicos también. Pero quizás mañana le toque a otro doctor o doctora y a mí me tocará leerlo y envenenarme como lo hice hoy.

Tengo la sensación clara de que en este momento luchamos contra varios virus, el que indiscriminada y cruelmente nos azota y los que salen de vez en cuando en forma de odios, desprecios, ignorancia, indiferencia e irresponsabilidad.

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