Entenderse no es tan difícil (por Casimiro Curbelo)

Casimiro Curbelo

Presidente del Cabildo de La Gomera y portavoz de ASG en el Parlamento de Canarias

A veces pienso que los habitantes de mi isla de La Gomera podríamos subirnos a una de nuestras montañas, y ya que este mes celebramos una década de la declaración del Silbo Gomero como Patrimonio Cultural de la Humanidad, mandarles un mensaje colectivo de responsabilidad a los grandes líderes políticos de este país.

Canarias, que tantas veces ha sido puesta como mal ejemplo de muchas cosas, es una demostración tangible de que cuando se quiere se puede. Cuatro partidos políticos distintos, con acusadas diferencias programáticas, se pusieron de acuerdo para formar gobierno en un Parlamento dividido. Existió la voluntad de sentarse, de negociar, de quitar obstáculos y tender puentes para lo realmente importante que es el servicio a los ciudadanos.

Este domingo se celebra el día internacional de la democracia que en su expresión más esencial es el gobierno del pueblo por el pueblo. Pero sobre la base de ese enunciado se construye un sistema de representación donde unos ciudadanos eligen a otros a los que confían el buen gobierno de las cosas. Los partidos políticos, en ocasiones, pierden de vista esa realidad esencial. Las estrategias, las conveniencias electorales, las legítimas ambiciones de unos y de otros, forman una confusa maraña que todo lo enreda y lo envenena.

Vamos camino de unas cuartas elecciones en cuatro años. Y eso constituye la mejor demostración de que nuestra democracia se está desvirtuando. Hay partidos que se niegan a anteponer el interés general de España sobre los suyos particulares. Líderes que parecen detestar de forma personal a otros líderes, con los que incluso se niegan a hablar. Y no hay distancia ideológica que justifique que en determinadas circunstancias, diferentes fuerzas políticas se pongan de acuerdo en cuestiones esenciales para que la vida de las familias, las empresas y la sociedad en su conjunto, prospere.

España, como toda la Unión Europea, se enfrenta a unos meses especialmente turbulentos. Lo sabemos todos perfectamente. La salida traumática de Gran Bretaña va a tener efectos negativos en el crecimiento de los países europeos. Alemania ha entrado en una recesión económica muy peligrosa. Y la manera en que vamos a enfrentarnos a esta situación es con un gobierno en precario, unas Cortes disueltas y una nueva convocatoria electoral. Todo esto son pésimas señales que minan la confianza en la economía de España.

Vivimos unos momentos en donde es más necesaria que nunca la unidad de los partidos políticos en los grandes asuntos estratégicos de este país. Porque sabemos las dificultafes que crearía el soportar otra crisis económica cuando aún nos estamos recuperando de la anterior. Es posible que los negros nubarrones que hoy vemos se despejen, pero en cualquier caso hace falta responsabilidad fiscal y esfuerzo en el gasto social. Compromiso para ayudar a los más favorecidos e impulsar la equidad en un país donde la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen se ha agrandado. Pasa con las personas y pasa en los territorios. Un ciudadano del País Vasco tiene mejor sanidad, mejor educación y mejor asistencia social que uno de Extremadura, Andalucía o Canarias. ¿Qué clase de país es uno donde sus ciudadanos tienen distintas oportunidades en función del lugar en el que han nacido o viven?

Tenemos grandes tareas urgentes. Y también importantes. Y no es el momento de perderse en rivalidades de vía estrecha y antagonismos de patio de colegio. Tengo la sensación de que los grandes líderes de este país padecen la enfermedad infantil del egoísmo. Ceder, entenderse y pactar no nos hace más débiles, sino más grandes. Sobre todo si el objetivo de todo eso sirve para no dejar tirada a tanta gente que lo ha pasado tan mal.

Las encuestas dicen que lo que dicen. Pero yo no creo del todo en las encuestas. Creo en las personas. Y hay mucha gente, muchísima gente, que está muy cabreada con razón. Llevarles otra vez a las urnas, como demostración de que sus votos no han servido para nada, puede tener consecuencias imprevisibles. Y desde luego, sea cual sea el resultado final, debilita la confianza del pueblo en su democracia.

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