“Silbo Gomero” por Estefanía Venus Mendoza Barrera

FOTO: EDUARDO CASTRO

No sabría explicar quién soy sin que mis dedos se acerquen a mi boca y sople hasta emitir un silbido que me identifique. Aunque soy más que silbo, el silbo es parte de mí. No podemos disociarnos, separarnos, desunirnos. Quizá porque haya nacido en una isla que supo mantener una cultura y una tradición ancestral que tuve la suerte de aprender siendo niña, hoy sigo sintiendo escalofríos cuando escucho a un joven silbar por los barrancos de La Gomera. Me siento identificada.

Me siento, en realidad, parte de una tierra sorprendente, llena de vida y es aquí donde decidí sembrar la semilla de mis dos futuros.

Supongo que el ser isleña es ser parte también del mar. Estar rodeada de agua te marca fronteras que sólo nosotros sabemos que son irreales y difusas. No existen. El mar no es un límite, sino un camino que comienza en las cumbres de Garajonay y se extiende barranco abajo hasta la playa a reposar donde las olas se hacen espuma. Pero también donde el silbo se ahoga, donde se pierde ante la inmensidad del océano. Como el mar, allá arriba en el monte nació el silbo como sistema de comunicación, como lenguaje propio de nuestros antepasados. Y barranco abajo se fue propagando el sonido convirtiéndose en eco continuado que pasa de mano en mano, de pecho en pecho, para trasladar un mensaje.

Ese mensaje ha de ser de unidad, de orgullo, de sentimiento de ser una tierra y una isla que es mucho más que todo es, que es el paraíso real y no fingido, que es la tradición de mis abuelos trasladada a mis hijos. Que aquí en La Gomera, aquella isla que parece caminar a otro ritmo, donde se decía que el tiempo se detenía, se vive por y para ser feliz. Porque puedo silbarle al mundo entero que soy de una tierra donde el verde más intenso del milenario bosque de laurisilva se funde con el azul inmenso del mar que la rodea. Esa soy. Y esa seguiré siendo.

“Y ahora silba más hondo,

silba más alto y sin tregua,

silba una paloma blanca,

que dé la vuelta a la tierra”

Estefanía Venus Mendoza Barrera.

A mis grandes maestros de silbo gomero, D. Lino Rodríguez y D. Isidro Ortíz, a los coordinadores de silbo gomero que tuve en mi etapa escolar, Ramón Correa y Eugenio Darias. A cada remero/a que da su vida en el Atlántico por enlazar en un puente de aventura La Gomera y Antigua, a ellos/as toda mi admiración. Y por supuesto, al equipo técnico de EL VIAJE DEL INTERIOR- NUNCA REMARÁS SOLO, incanzable y impecable, en especial a Emma Trujillo, Eduardo Castro (fotógrafo) y Juanma Prieto. GRACIAS.

*La foto y el texto pertenecen al Catálogo EL VIAJE INTERIOR III- NUNCA REMARÁS SOLO.

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