En el 85 Cumpleaños de mi abuelo Sito Simancas (Por Carlos J. Pérez Simancas)

El amerizaje de la avioneta

Mi abuelo Sito, siempre es una caja de sorpresas. Hablando con él, sale algún recodo en su biografía, desconocido y emocionante al menos para mí. Meandros biográficos, que te ayudan entender como era la vida de por entonces.

En febrero de 1960 despegaban de Los Rodeos una avioneta del Aeroclub. El destino era el aeródromo de Rodríguez López, en la Lomada del Revolcadero, en Alajeró. Con una pista de 500 metros era más que suficiente para la pequeña flota de aparatos que poseía el naviero tinerfeño. Este aeródromo, se construyó para agilizar las comunicaciones, entre el emporio agrícola-pesquero del sur de La Gomera y la central en Tenerife. Aunque a menudo conectaba la isla con Londres. Que como saben la capital británica era gracias a la exportación de platanos y tomates el centro financiero de Las Canarias.

La avioneta era gobernada por el gran piloto Alfonso Cabello. El pasaje lo componía: Conrado de los Rios, Manuel Bretón y Arístides Ríos. El nombre de la avioneta: Miss Tecina.

Mi abuelo Sito, se había sacado el título de controlador aéreo dos años antes, en el aeropuerto madrileño de Cuatro Vientos. Sin saber inglés, se aprendió toda la fraseología aeronautica de memoria. Iba pasando exámenes mientras hacía las prácticas en Barajas. Pasado unos meses, con su título bajo el brazo, mi abuelo regresó a la isla. La petición de Don Álvaro era que se hiciese cargo de la torre de control, del pequeño aeródromo del Revolcadero. Aquel día, mi abuelo había llegado temprano a la torre de control. Había encendido los equipos y “Bichife” que era el encargado de la pista, daba los últimos retoques. Se hizo café, se colocaban las banderolas y se conprobaban las luces de balizamiento. Con todo revisado y a punto, se disponían a esperar a la avioneta.

De repente, en los altavoces de la torre de control, se oye un chasquido que da paso a la voz del comandante Cabello. Se disponían a despegar y mi abuelo se apresura a darle dirección y velocidad del viento. El comandante Alfonso cabello, comunica su intención ya en el aire de tomar la ruta sur de la isla de Tenerife. Sobre Güimar informa de velocidad, dirección y tiempo estimado en llegar a la vertical de Los Cristianos. Para ser febrero, era un día despejado, casi sin viento y con el mar como un plato. Llegado a los Cristianos, la torre de control de la Gomera, coge el testigo y comienza dando instrucciones para la aproximación al aeropuerto gomero. Mi abuelo indicó el rumbo hasta Puntallana, allí sería el otro punto de control.

En el aeropuerto del Revolcadero, se aprestan al inminente aterrizaje. En media hora estarían allí.
Pasada una hora nadie sabía nada del avión. Mi abuelo con un teléfono pegado a la oreja, llamando por radio a la avioneta y con unos prismáticos para otear el horizonte, daba la voz de alarma.
En el teléfono, estaba don Álvaro que dio la orden de mover todo, absolutamente todo, para encontrar a la ‘Miss Tecina’ . Mi abuelo no es de transpirar, no suda. Pero ese día estaba empapado. Con una carta nautica que habían desplegado, comienza hacer sus cálculos y cree dar con la posible localización del aeroplano.

Los Rodeos, activa la alarma. Mi abuelo da orden de que los buques ‘Santa Eulalia’ , ‘Santa Elena’ y ‘Santa Rosa’ , propiedad de Rodríguez López, salgan prestos a toda máquina. Desde Alcalá (Tenerife), ocho barcos de pesca se dirigen hacia las coordenadas dictadas por mí abuelo.
Un DC-3 de Iberia que salió en su búsqueda, localiza unos restos a unas dos millas de la punta de Majona. Mi abuelo se había equivocado por media milla náutica.
Con dos teléfonos, en un lado a Don Álvaro, por el otro a Don Conrado (tío y socio del primero), daba la noticia: la Piper PA-23-160 “Apache”, matrícula EC-ALQ, bautizada ‘Miss Tecina’, se había estrellado. No se sabía nada de los ocupantes.

Mi abuelo advierte a su vez, que pudo amerizar y que estarían a la deriva al sur de Puntallana. Don Álvaro, exclamó que: Conrado de los Ríos no sabía nadar. El aire despedia un olor funesto y sombrío. Con los teléfonos uno a cada oreja, mi abuelo tiene una corazonada, corrige el rumbo a los tres barcos que salieron de Playa de Santiago. Tuvo que ser una estampa increíble, ver a esos tres imponentes buques a toda velocidad, dirigirse al nuevo punto de encuentro.

La ‘Santa Eulalia’, la más rápida, informa que está doblando la punta de San Cristóbal, en 10 minutos estaría por la nueva zona indicada. La ‘Santa Rosa’ y la ‘Santa Elena’ informan que tardarían media hora. La tensión, en el ambiente, se podía cortar con un cuchillo. Sólo se oía la respiración casi jadeante de Don Álvaro al otro lado del teléfono. Un silencio que se rompía con un: ¡Dinos algo, Sito!. Esos diez minutos, bueno más de cuarenta se hicieron eternos…

El patrón de la `Santa Eulaliaʼ, grita a todo pulmón, que han encontrado al piloto y a Manuel Bretón nadando juntos. Don Álvaro se alegra pero empieza a ensombrecerse de nuevo. Faltan dos y uno no sabe nadar. Habían pasado cuatro horas del accidente, y tan solo dos desde que se activara el operativo de rescate. No se presagiaba nada bueno. Los dos supervivientes informan, en la cubierta del barco, que minutos después de amerizar y de saltar al agua, habían perdido de vista a los otros dos pasajeros.
Los otros dos buques llegan a la zona, y deciden abrise en abanico, para comenzar la búsqueda. A través del teléfono ya no se oía nada. Sólo se esperaba que recogieran los cuerpos sin vida de Conrado y de Arístides, y eso con suerte.

Hay quien digo que fue un milagro de la Virgen de Guadalupe, pero Conrado de los Rios, que no sabía nadar, estaba vivo. Se había mantenido a flote, boca arriba unas cuatro horas. Los vítores y gritos se oían a través del teléfono y de los altavoces de la radio. Faltaba uno. Arístides, que eras el más joven, creyó que podría alcanzar las cercanas playas, de Puntallana, lugar dónde se encuentra la patrona de la isla de La Gomera. Pero no midió bien, estaba a casi tres kilómetros y las corrientes lo habían empujado a mar adentro.

Sobre las 17:30 hrs, después de casi cinco horas en el mar, la ‘Santa Rosa’ divisa a Arístides en el agua. Casi al borde de la extenuación, siempre diría que el manto de la Virgen les protegió en esas sombrías horas.

Los cuatro se salvaron gracias a la pericia del piloto, un amerizaje es una maniobra muy peligrosa, a la intuición del hijo de un pescador metido a controlador aéreo y la providencia de un verdadero milagro acaecido en tan devoto lugar.

Regesaron a Playa de Santiago, y allí contó el piloto que perdieron potencia en los motores y que pudieron planear y así amerizar. Vamos para verse matado. Salieron los cuatro vivos y eso pocos pueden decirlo.

Mi abuelo por aquello, por organizar el rescate y por lo diligente en sus acciones, tuvo como premio la casa donde vive actualmente.

Pero esta no era la historia que me sorprendió. Con el título de controlador, mi abuelo podía ir como miembro de la tripulación en un avión. Así que uniformado de copiloto, sí, de copiloto, voló al aeropuerto londinense de Gatwick para llevar unos papeles.

Tenerife, Tanger, Málaga, Nantes y Londres. Ese fue el viaje, entregó la cartera, no salió del aeropuerto y se vino vestido de copiloto. No había cogido los mandos de un avión en su vida. Pero puede contar que fue copiloto unas cuantas veces y pocos pueden tener un currículo tan dispar.

Mi abuelo nunca dejará de sorprenderme…

Carlos Jesús Pérez Simancas

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