La forastera gomera: una uva muy fructífera

Curbelo, destaca la dimensión y excelente acogida que los vinos de la Isla están obteniendo en el exterior por su calidad

En la Universidad de Tarragona se investiga la existencia de una nueva especie de vid única en el mundo

Estudiosos alientan a los productores a que se atrevan a elaborar un cava, dada la calidad de la materia prima con la que cuenta.

El I Festival Enograstronómico de La Gomera, celebrado los días 21 y 22 de este mes, ha supuesto una excelente oportunidad para disfrutar de un producto de calidad que, por momentos, ocupa el máximo interés entre los consumidores: el vino elaborado en la Isla. Durante estas jornadas, se han llevado a cabo diversas actividades como charlas, degustaciones y muestras de artículos agroalimentarios, con catas comentadas incluidas.

Los productores también han tenido un lugar destacado, al igual que el Consejo Regulador o el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA). Todo es poco a fin de resaltar un valor en alza que los nuevos estudios académicos están demostrando que tiene infinidad de posibilidades de cara a su implantación en el mercado. Con todos los boletos para ser una apuesta ganadora.

El presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo, destaca la dimensión de los productos agroalimentarios de la Isla, en especial de los vinos, que han alcanzado una excelente acogida en el exterior, reconociéndose la calidad y singularidad de los caldos gomeros. “Además, con la celebración de estas jornadas enogastronómicas lograremos dar una mayor difusión y promoción de nuestro vino, a la vez que servirá para aportar instrumentos de apoyo que incentiven la producción y calidad del producto”, subraya.

Una de las intervinientes en estas jornadas ha sido Francesca Fort Marsal, doctora de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, quien hace unos años dio a conocer un estudio patrocinado por el Cabildo insular sobre la variedad de uva forastera gomera. En aquel entonces, los datos no podían ser más llamativos y concluyentes. Esta uva es una variedad absolutamente propia y única de la Isla que ha sobrevivido milagrosamente en La Gomera durante quinientos años como una especie de reliquia viviente con todas sus cualidades intactas.

La principal novedad es que, en estos momentos, se está analizando una nueva muestra que, de confirmarse, supondría ratificar aún más la originalidad y valor de esta especie. Vendría a evidenciar que estamos ante una mutación que se concretaría en la existencia de una forastera negra, en vez de la común blanca, cuya existencia se sospechaba pero de la que no había pruebas fehacientes de su supervivencia. En los laboratorios de la Universidad de Tarragona se están realizando en la actualidad, y por tercera vez, las correspondientes pruebas para contar con una seguridad absoluta.

Fort destaca que de confirmarse esta mutación, “sería una extraordinaria noticia” y su proyección de futuro, “muy amplia”. Aunque no quiere lanzar las campanas al vuelo hasta que pueda cerciorarse de que estamos ante un genoma singular, apunta que su existencia “se saldría de todas las variedades mundiales y, por supuesto, de Canarias, por su indudable singularidad”. Una vez concluidas las correspondientes comprobaciones vendrían los estudios de mercado para ver cómo encajaría en el mismo el nuevo producto. Pero la experta no duda de que la aceptación “será total y absoluta”. Incluso apunta que en realidad, más que de una mutación, se podría estar hablando de toda una nueva variedad, aunque eso sí, muy ligada a la forastera blanca.

Fort adelanta que tan sólo con los datos que existen en la actualidad sobre este tipo de uva, ya se dispone de base suficiente para que algún emprendedor se atreva a elaborar un cava. “Es totalmente viable hacer una segunda fermentación y ya hemos visto una iniciativa parecida en Tenerife con indudable éxito”, apunta. La doctora es contundente al transmitirle a los productores gomeros que tienen en sus manos todos los elementos para que la comercialización de estos productos sea una apuesta ganadora. “En estos momentos está pasando un tren y es la hora de subirse al mismo. Mi mensaje a los agricultores es claro: estamos en la cresta de la ola”, señala de forma muy gráfica.

Recuerda que recientemente tuvo lugar un congreso en Nueva York, en el que se ratificó que las nuevas tendencias pasan por consumir vinos producidos en terrenos volcánicos. El resultado del Fórum fue publicado en la revista eleconomista.es ilustrado con una imagen del Teide, precisamente, debido a que en estos momentos Canarias ocupa el primer lugar en cuanto a posibilidades en este campo. “Hablamos de unos vinos con aromas nuevos y múltiples alternativas”, señala.

Hace ya algunos meses que la comunidad científica de la Universidad de La Laguna (ULL), actuando como líder, junto con las universidades de las Azores, Madeira, Cabo Verde están preparándose para presentar la documentación y optar a un proyecto Europeo Interreg Mac 2014-2020, en el que Fort también colaborará. El objetivo principal será la certificación de los varietales macaronésicos, actualmente con problemas derivados de una plaga llamada virosis. Para ello cuentan con el apoyo de la Consejería de Agricultura del Gobierno canario, de seis de los siete Cabildos, de la totalidad de los Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen de la Asociación de Viticultores El Majuelo de Fuerteventura y de los gobiernos de Azores, Madeira y Cabo Verde. La investigadora asegura que “tenemos un diamante en bruto y nuestra obligación es pulirlo para que adquiera el valor que se merece y luego poder enseñarselo al mundo”.

La planificación pasa por que el próximo 31 de octubre se puedan cumplimentar los trámites administrativos, con el fin de garantizar que Canarias reúne todos los requisitos para convertirse en un vivero con dos características únicas: su originalidad y resistencia al cambio climático. En este último caso, el problema de La Gomera es que se trata de un enclave muy lluvioso, pero Fort espera que junto con el Consejo Insular puedan encontrar enclaves con una pluviometría más limitada. Una iniciativa que también resulta de gran atractivo es identificar las levaduras y bacterias autóctonas para patentarlas y poderlas llevar a distintos lugares del mundo pero con el sello de La Gomera.

Alfredo Hernández Gutiérrez, técnico de la Denominación de Origen de Vinos de El Hierro, estaba invitado al encuentro pero finalmente no pudo hacer acto de presencia. Este experto celebra el vínculo que mantiene su Isla con La Gomera, que se puede calificar de casi espiritual. “Tenemos muchas cosas en común y especialmente, la defensa de una uva diferenciada. Nuestra obligación es compartir como hermanos este privilegio, conocer la historia y potenciar nuestras variedades”. Como es lógico, en el festival no faltó la degustación de los vinos herreños entre los asistentes.

Una reliquia viviente

Los estudios científicos llevados a cabo hace tres años demostraron lo que la sabiduría popular siempre tuvo claro: la variedad de la uva forastera gomera es única en el mundo. Su antigüedad alcanza como mínimo quinientos años, frente a los 150 de la vides de Europa. El motivo radica en que la insularidad evitó que la plaga de la filoxera, que arrasó con los cultivos del viejo continente a principios del siglo XIX, llegara hasta La Gomera. Con el tiempo, esta especie se adaptó a la geografía insular y creó su propia personalidad. Por lo tanto, no es raro que existan algunos genomas que se salen de cualquier otro estudiado hasta el momento.  Las posibilidades que se abrieron desde entonces son muy amplias. Los cultivadores de La Gomera disponen de una especie única a la que pueden sacar una alta rentabilidad en cuanto a calidad.

Los estudiosos que participaron en este descubrimiento se muestran muy seguros al afirmar que las uvas que nacen en la actualidad en La Gomera tienen su origen en las que llegaron con los conquistadores en el año 1450. Desde entonces, la especie ha evolucionado de forma positiva al adaptarse al terreno y a la climatología, pero también ha sufrido los rigores de lo que ha dado en llamarse selección evolutiva. La geografía ha jugado un papel fundamental. Dado lo escarpado del terreno, las vides han tenido que trepar por los riscos y llegar a alturas que alcanzan los 1.200 metros. Precisamente, aclaran que cuanto más alto se encuentran, mejor es su calidad. Además, la mecanización ha resultado imposible por este mismo motivo. La forastera ocupa el 85% de los cultivos de La Gomera y el 90% de la producción.

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