Aprender del pasado para educar el talento (Por Álvaro Cabo)

Para hablar de la educación del talento nos tenemos que remontar a los siglos VI y V a.C. Confucio, reconocido pensador chino decía “dímelo y lo olvidaré, enséñamelo y tal vez lo recuerde, implícame y lo aprenderé”. Más tarde, concretamente en los siglos V Y VI a.C el filósofo ateniense Sócrates, se refirió a la educación del talento como «el encendido de una llama no el llenado de un recipiente». Posteriormente, entre los siglos I y II, Plutarco, un historiador y filósofo griego, decía que “la mente no es un vaso que se llene sino una lámpara que encender”.
Solamente con estas tres citas, podemos ser capaces de darnos cuenta que estos filósofos e historiadores estaban más evolucionados que la educación del siglo XXI, y que no hemos tenido en cuenta sus aportaciones a la hora de desarrollar un modelo educativo evolucionado y centrando en el hacer como ya dijo Aristóteles en el siglo IV a.C.
Y es que la cruda realidad, es que a los alumnos nos siguen tratando como recipientes de contenidos, obligándonos a memorizar para luego olvidar, matándonos la creatividad a base de desmotivarnos y formando ovejas que mastican información para luego regurgitarla en un examen. Esto señores es lo que estamos avanzando, hacia una involución constante.
Si queremos educar el talento hay que poner al frente a los mejores; para provocar nuestra curiosidad, para obligarnos a pensar con criterio, y lo que es más importante, a dudar, a preguntarnos por qué; en definitiva, a ser libres.

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