Los albores de la familia Suárez en La Gomera

Por falta de datos precisos en el rastreo del tiempo, y por lo tanto sin poder aportar una fecha precisa, podríamos situarnos a principios del siglo XIX. Por aquella época arribó en el puerto de San Sebastián la familia Suárez, comenzando así una saga familiar que perdura aún hoy en la capital de nuestra isla. Llegaron desde la Isla de Gran Canaria, concretamente del pueblo de San Cristóbal cercano a las Palmas, atraídos quizá por el auge económico del que entonces gozaba la Gomera, exportación de vino, caña de azúcar, cebolla, cebada y otros cereales, la salazón de pescado y diversos productos que entonces abundaban en la isla. El nombre de Cristóbal, haciendo honor quizá al pueblo de sus antepasados San Cristóbal, se repetirá en las futuras generaciones hasta nuestros días. Igual el de Sebastián por el pueblo que les supo acoger.

Esta familia se caracterizaba por ser conocedora del mar y sus secretos, marineros y pescadores, y también carpinteros de ribera de escrupulosa exactitud, por lo que fueron muy solicitados tanto dentro como fuera de la isla, pues su merecida fama en tales artes era muy notable. Además, su seriedad, su austeridad y respeto hizo acrecentar su fama de profesionales, haciéndose un hueco destacado en lo profesional y lo social de la Villa. También podemos añadir al carácter de estos primeros Suárez el que eran hombres de pocas palabras y sus recorridos no se alteraban entre el trabajo y la casa.

Su fama en estas artes fue en crecimiento, y por aquello de su carácter de severidad y aislamiento, uno de ellos se estableció en una pequeña cala de la costa sur de la isla, tomando por tanto el nombre de playa de “Tió Suárez”, hoy playa de Suárez. Obsérvese la acentuación de la palabra Tió, ya que es así como se pronunciaba en la isla, siendo esta una manera respetuosa de distinguir a los mayores, no teniendo necesariamente nada que ver con el parentesco carnal.

Comenzaremos con Cristóbal Suárez Rodríguez y sus Hermanos Sebastián, Gabriel, y otros, no siendo estos los primeros Suárez, pero son hasta ellos donde la memoria de los Suárez mayores puede llegar. Este Cristóbal casose con Doña Ana Morales Álvarez, tuvo seis hijos, de los cuales dos fueron varones; Tomas y Cristóbal. Estos continuaron la tradición familiar, Tomas la carpintería de ribera y Cristóbal los caminos de la mar.

Tomás y Cristóbal, que fundaron sus respectivas familias en el pueblo que los vio nacer, sumaron entre ambos matrimonios un buen numero de hijos. Estas generaciones que nacieron en la primera década del siglo XX, sufrieron las crisis que estremecieron el país, por lo que algunos tuvieron que padecer las consecuencia de la emigración a América. Algunos lo hicieron de modo clandestino, como Cristóbal Suárez Vera, timonel, animador y gran amigo de los amigos y compañeros en la gesta casi épica del Telémaco, aventura a lo desconocido. Su oficio de carpintero también sirvió para que no perdieran la vida en esta odisea.

Algunos se quedaron en Venezuela para siempre, conociendo incluso el éxito social y profesional, otros viven en Tenerife, otras islas y la península, pero aún quedan en la Gomera descendientes. Ninguno de ellos se dedica hoy de manera profesional a la carpintería de ribera o la pesca, fundamentalmente por el descenso de estas actividades en todo el archipiélago.

Eseken (Edición impresa), Nº 20. Página 16.

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