Los piratas holandeses y el descalabro gomero a finales del siglo XVI y principios del XVII

piratas holandeses en la gomeraEl 24 y el 25 de mayo de 1599 se reunieron en las aguas de Wielingen, en las cercanías del puerto de Flesinga, 73 embarcaciones de las provincias de Holanda y Zelanda. La armada, de una dimensión hasta entonces desconocida en la República neerlandesa, se agrupaba en tres escuadras, cada una con banderas insignias naranjas, blancas y azules, navegando entremezcladas, sin distinción de procedencia, las embarcaciones de ambas provincias.

La escuadra naranja la comandaba el propio almirante Pieter van der Does, navegando en el navío el Orangieboom. La escuadra blanca estaba bajo las órdenes de Jan Gerbrantsz. y la azul llevaba como vice-almirante a Cornelis Geleyntsz. van Vlissinghe. El 28 de mayo zarparon los 73 navíos y salieron de la rada de Flesinga con rumbo al sur con la intención preconcibida de acometer a los enemigos españoles en sus propias aguas, cortar las comunicaciones entre España y sus territorios ultramarinos y aprehender los barcos españoles y portugueses que se cruzasen por el camino.

Nada más llegar a las costas gallegas el 11 de junio, los holandeses emprendieron un ataque al puerto de La Coruña. Los planes concebidos para tomar el puerto y destruir las embarcaciones fondeadas en él fracasaron al encontrar a los españoles puestos sobre aviso y preparados para resistir el ataque.

Después de haber doblado el Cabo de San Vicente pusieron rumbo a Sanlúcar de Barrameda con el fin de coger por sorpresa la ciudad portuaria andaluza. Este plan tampoco se pudo llevar a la práctica ya que el duque de Medina Sidonia que estaba al corriente de las intenciones de los neerlandeses rebeldes, había puesto en estado de alerta a las guarniciones locales. Frustrados sus planes, Van der Does y sus comandantes tomaron la decisión de atacar al archipiélago canario al suponer que ahí no se estaba al tanto del plan y que los medios de su defensa eran inferiores a los de la península.

Primero en Gran Canaria, si bien Van der Does pudo deducir ante la agitada actividad en la ciudad y en las fortalezas, que los canarios estaban dispuestos a defenderse y que habían comenzado los preparitivos para impedir el desembarco. Unos meses antes, los funcionarios en Bruselas habían remitido informes a las autoridades españolas, incluso a las de Gran Canaria y Tenerife, comunicándoles que los Estados Generales de La Haya fletaban una armada para hostigar las costas y los puertos españoles.

Al amanecer, la flota zarpó y avanzó hacia la bahía de Las Palmas y las tropas se prepararon para desembarcar en las playas bajo la protección de fuego continuo de los cañones apuntados en el castillo La Graciosa. El desembarco, la toma del castillo y de la ciudad, las infructuosas campañas en los montes y el posterior incendio y saqueo de la ciudad, acción de venganza, engendrada por la frustración de no haber encontrado un botín suficiente.

Quince días después del desembarco, Van der Does ordenó que se levara ancla para proseguir su ruta rumbo al sur. Dejando en paz, por razones que ignoramos, la isla de Tenerife, los navegantes neerlandeses emprendieron un ataque a La Gomera. Sin embargo, tampoco esta ofensiva les rindió un botín demasiado sustancioso. Además, la operación les costó la vida a ochenta soldados al intentar reunir unas pipas de vino, cajas de azúcar, munición y cañones. Después de haber prendido fuego a la ciudad por pura frustración se hicieron a la mar dejando la Gomera en escombros.

Poco conocida es este episodio en la Gomera aunque algo más en Gran Canaria, si bien  en la historiografía neerlandesa, se considera la expedición del almirante Pieter van der Does un fracaso rotundo por lo que los holandeses la han relegado al olvido. Son pocos los libros de historia neerlandesa que hacen alusión a las experiencias de los neerlandeses en Canarias en los años de 1599 y 1600. Por lo que respecta a La Gomera el ataque terminó con la matanza que perpetraron tan solo 11 gomeros de la isla sobre una compañía de 800 holandeses a la que pusieron en fuga y se apoderaron de sus armas.

Los holandeses armados con mosquetes, alfanges, espadas y morriones. Los gomeros sin embargo con lanzas. Murieron 107 holandeses. Entre los 11 gomeros, 5 heridos de poca consideración. Parecía una hazaña tan increíble que los capitanes de la isla acudieron al lugar de la batalla con escribanos que dieron “fe de haber contado los cuerpos muertos y haber visto mucha cantidad de los dichos mosquetes en poder de los dichos once soldados naturales y de otros que ansí mesmo les acudieron, que llegaron al despojo de los dichos muertos…”

Posteriormente la villa volvería a sufrir un ataque similar, esta vez casi 20 años después, en 1618 cuando atacan la isla los 4000 berberiscos y 63 bajeles al mando de Tabac Arráez y Soliman. Los vecinos de San Sebastián se refugiaron en el interior . Una vez más fue quemada la Villa y robado todo lo de valor.

Maurits A. Ebben, Universidad de Leyden, Los Países Bajos/Redacción

 

 

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