La Gomera y su particular Navidad

El Cabildo cada año edita alrededor de 7.500 postales que reparte entre los gomeros de dentro y fuera de la Isla

En la sede de la institución insular se puede ver la conocida como colección Ossorio de belenes de todo el mundo

Una de las principales tradiciones de la Isla eran los Años Nuevos que consistían en parrandas que iban de casa en casa tocando canciones navideñas

En estos momentos existe una ocupación media del 80% en toda la Isla y del 100% en Valle Gran Rey

El particular sentido que tienen los habitantes de La Gomera de entender la vida y las tradiciones no podía dejar de plasmarse en unas festividades tan significativas como son las navidades. A lo largo de los años muchas de las costumbres han sido arrolladas por el paso del tiempo pero hay otras que se mantienen y alguna más que se va consolidando poco a poco. Entre estas últimas está el envío cada año por parte del Cabildo de alrededor de 7.500 tarjetas navideñas a los gomeros que están repartidos por todo el mundo y por supuesto, a los que residen en la Isla. En concreto, se remite una por familia, a diversas autoridades y a asociaciones como los hogares de Canarias en Venezuela. De esta manera cada año por estas fechas los emigrantes vuelven a sentir que desde su lugar de nacimiento se siguen acordando de ellos. Una edición más el autor del diseño de la felicitación es el artista, José Pedro Sabina.

En la misma se lee un texto firmado por el presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo Curbelo, en el que se indica: El mayor regalo de la Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la esperanza de un mañana mejor y compartirla en torno a lo nuestro. Esta Navidad desde el Cabildo Insular de La Gomera quiero transmitirle nuestros sinceros deseos de felicidad y salud. Que el año 2017 llegue cargado de bienestar, trabajo e ilusión para los ciudadanos de nuestra Isla y del Mundo”.

Curbelo Curbelo, explica el interés que cada año se le otorga desde la institución insular a estas fiestas. “Para nosotros representa un momento muy especial; de reencuentro y de revivir tradiciones y recuerdos. Para La Gomera las navidades son unas festividades especiales y por ello desde el Cabildo intentamos ofrecer el marco más adecuado para que todos las podamos disfrutar lo mejor posible”.

Con el paso del tiempo también se ha ido consolidando el belén situado en la planta baja de la sede insular. Y hasta tal punto es así que en esta edición ya se va en camino de incrementar el número de visitas de años anteriores. A mitad de la semana pasada ya eran 2.300 las personas que conocieron un nacimiento que destaca por el especial ambiente que lo rodea. Los niños lo recorren con la luz apagada y envueltos en los sonidos más característicos de la Isla como el silbo, las chácaras o tambores.

Destaca también una parte que se ha habilitado para reunir a diversos belenes de una veintena de nacionalidades del mundo que pertenecen a la colección privada de Juan Fernando Ramos Ossorio, quien ha hecho de los nacimientos su pasión. Es la conocida como colección Ossorio que cada año es cedida por este vecino de Alojera. Las visitas de los escolares acaban con un taller de repostería navideña, donde pueden crear galletas decoradas a su gusto. El turno de estos estudiantes terminó el pasado miércoles. El belén de Cabildo experimenta tal incremento de fama que cada vez son más los visitantes que llegan en el creciente número de cruceros, y que deciden acercarse a contemplarlo.

Otra novedad este año es que las campanadas para todo el Archipiélago serán retransmitidas por la Tele autonómica desde San Sebastián. Con este fin se desplazará a la Isla un equipo de alrededor de medio centenar de profesionales que harán posible para que a lo largo de todo el día se lleve a cabo una amplia programación que tendrá a La Gomera como motivo principal.

Pero detrás de esta edición actual existe una historia centenaria que en gran parte se ha perdido. Es el caso de los Años Nuevos que consistía en parrandas que iban de casa en casa tocando canciones navideñas y cuyos componentes eran recibidos con viandas, dulces y licores. Esta tradición se llevaba a cabo en la noche de cada 31 de diciembre al 1 de enero, tal y como recuerda el graduado en Historia por la Universidad de La Laguna (ULL), Eduardo Duque. Existía una diversidad muy amplia hasta el punto de que cada pueblo adaptaba a su propia idiosincrasia la interpretación de las coplas.

Por ejemplo, en Barranco de Santiago, de donde es natural Duque, se usaba el tambor, la guitarra, los requintos, el violín, el laúd e incluso el acordeón. Normalmente se entonaban coplas hechas o improvisadas con las que las parrandas se ganaban el favor de los habitantes de la casa quienes les entregaban viandas o una limosna. En Chipude, por ejemplo, el uno de enero se sacaba en procesión al Niño del Dulce Nombre, a quien se le daba como ofrenda el dinero reunido durante la noche. Lo que sí ha llegado hasta nuestros días son una amplia diversidad de coplas que datan de aquellos años. Por ejemplo: “Cuatro que venimos, cinco con la guía, que es nuestra compaña la virgen María, aquí en esta casa se reparten flores, por dentro por fuera y por ‘reores’. O también: Nos abrió la puerta con mucha alegría nos puso en la mesa lo que tenía, abra señora, ábranos la puerta por Dios, que venimos cuatro y entraremos dos”.

Aunque existen tímidos intentos de recuperar la tradición, lo cierto es que tal y como indica Duque, “hoy en día la gente prefiere ir en fin de año a la plaza a bailar con una orquesta que pasar la noche cantando coplas por ahí. Los hábitos sociales han cambiado mucho”, apunta. Duque señala que hoy por hoy no son demasiadas las personas que participan en la procesión del uno de enero en Chipude. “Lo cierto es que tristemente tampoco hace tanto que se perdieron estas costumbres, como mucho quizás en la década de los noventa; mis padres se acuerdan de cómo las rondallas iban casa por casa cantando a finales de año”.

En estas fiestas adquiere un protagonismo especial la siempre rica y variada gastronomía gomera. Por eso, las mesas de la Isla se llenan de platos como carne de baifo, ñames, papas tiernas o rasponas y especialmente la repostería que suele consistir en la conocida como torta de vilana, hecha de almendra y pasas.

En la noche de Navidad era tradicional en Chipude cantarle versos al Niño Jesús durante la misa. Una vez acabada la ceremonia y en medio de un templo abarrotado, se procedía al besapié de la imagen y su posterior procesión en el interior de la iglesia mientras sonaban las chácaras y los tambores desde una esquina del templo. Era el momento en el que los feligreses comenzaban a improvisar versos que tenían por objeto temas como las ofrendas o pedir por un pariente enfermo, entre otros muchos. Duque indica que no era extraño que los abuelos les susurraran a los oídos de sus nietos una copla para que luego éstos la repitieran en voz alta. “En fin estamos hablando de un ayer que probablemente nunca volverá y que quizás sólo añoramos unos pocos”, se lamenta este historiador.

Pero el tiempo no espera por nadie. De ahí que dejando de un lado la nostalgia en la actualidad se llevan a cabo actividades impulsadas desde el Cabildo con el fin de conseguir que estas fiestas sigan siendo tan entrañables como siempre. En esta ocasión la institución insular ha cambiado su estrategia de colaboración con los municipios y en vez llevarla a cabo de forma general en el ámbito insular la ha particularizado en cada localidad. De esta manera se colabora con las rutas de tapas, el showcooking de productos gomeros como la miel de palma o el almogrote, entre otras varias actividades. A este fin se ha destinado en la presente edición una considerable cantidad de dinero para respaldar las campañas que llevan a cabo los seis ayuntamientos.

La celebración de estas fiestas en La Gomera se está convirtiendo también una tradición para los visitantes que deciden escoger la Isla como lugar donde pasar estas fechas. Por ello, no es raro que en estos momentos se registre una ocupación superior al 80% en toda la Isla, excepto en Valle Gran Rey donde alcanza el 100% y se hace casi imposible encontrar ya una cama libre. San Sebastián parece haberse subido también al carro del desarrollo turístico y mantiene unos niveles muy elevados de ocupación, curiosamente en la mayoría de las ocasiones, por personas de otras islas.

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