Los Barrancos de La Gomera: Piezas a cuidar y conservar

barranco de chejelipesEl paisaje y la economía de La Gomera está marcada por la existencia de los pronunciados barrancos

Cuando Curbelo ocupó el cargo de senador consiguió que se encauzaran los cauces de Valle Gran Rey, Alajeró y La Villa tras los destrozos causados por las lluvias de 2005

El presidente del Cabildo considera de gran importancia proceder lo antes posible al deslinde de estos bienes públicos

Los barrancos que surcan la Isla a modo de profundas cicatrices son una de sus principales características y la imagen más rotunda que obtiene todo aquel que observa el paisaje de La Gomera. Desde el Garajonay hasta la costa parte una red de profundos surcos excavados milímetro a milímetro a lo largo de milenios por el continuo fluir de las avenidas. Lentas o arrolladoras. El resultado es una Isla con un entorno singular y único. Pero pese a su aparente contundencia y rotundidad, los barrancos se han convertido en piezas que demandan de forma incansable y continúa cuidados y conservación

La importancia de los barrancos en La Gomera es tal que en realidad la población ha tendido a concentrarse en núcleos urbanos situados en los territorios más llanos. Y especialmente lo ha hecho en la desembocadura de los grandes cauces, donde existía mayor facilidad de comunicación con las demás poblaciones de la Isla y con el exterior.

Por su parte, los núcleos rurales tradicionales del interior también se sitúan preferentemente en las áreas de menor pendiente, como fondos de barranco o las lomadas del Sur. Tales circunstancias han generado una organización de la actividad económica en unidades muy autónomas constituidas por los principales barrancos, de modo que la población de cada uno de ellos ha crecido en un régimen de marcado autoabastecimiento..

El presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo Curbelo, considera que estas piezas de la geografía son tan importantes y definitorias para la realidad de la Isla que se le debe prestar toda la atención que sea posible. El ambicioso plan de encauzamiento iniciado hace años ha buscado dar seguridad a las poblaciones mientras que los deslindes definen las propiedades públicas de las privadas. A partir de aquí será posible recuperar espacios que acojan distintos usos y actividades ciudadanas. “Los barrancos se han convertido en un elemento a cuidar y conservar”, indica el presidente.

Y ahí entran en juego los consejos insulares de agua, organismos dependientes de los cabildos y que están obligados por Ley a velar por su buen estado y proteger un bien público cuyos únicos propietarios somos todos. Por ello, estos tramos de territorio no pueden ser objeto de venta, sino como mucho de una concesión, siempre y cuando ésta se encuentre muy bien fundamentada. Para ello hay que cumplir con una serie de trámites administrativos y jurídicos que garanticen al máximo las condiciones del préstamo que la comunidad hace de este bien a un particular. También los ayuntamientos tienen que contribuir a la limpieza y ordenamiento de los cauces, dentro de las competencias que tienen atribuidas.

Cuando Curbelo ocupó el cargo de senador impulaó un plan para el encauzamiento de los cauces de la Isla y a mediados de la pasada década consiguió que el Gobierno central destinara alrededor de 20 millones de euros para este fin. En el barranco de La Junta en Alajeró se invirtieron 3,4 millones con los que se procedió al encauzamiento del tramo situado entre el campo de fútbol y la carretera insular. A fin de evitar los arrastres incontrolados se proyectó un azud de retención de acarreos sobre la vía que es fácil de limpiar y mantener. También se canalizó hasta el barranco los caños existentes en la carretera y se dejaron previstos los pasamuros para el drenaje del viario.

En el caso de Valle Gran Rey la inversión alcanzó los 8 millones con los que se procedió al encauzamiento de cerca de un kilómetro de su recorrido. Básicamente se realizaron desmontes para proporcionar al cauce la pendiente precisa para desalojar el caudal, instalaron cimentaciones de los muros baluartes y se rellenaron aquellas zonas donde era necesario. También fue posible actuar en el cauce de Hermigua gracias a una partida de cerca de cinco millones.

Finalmente, en la Cañada del Herrero en San Sebastián se invirtieron 3,4 millones con los que se procedió a encauzar un tramo de los que los primeros 234 metros fueron con sección a cielo abierto de 2,80 metros de ancho y muros de 2,30 de alto y el segundo de 377 con una sección cerrada por medio de hormigón armado prefabricado. Se llevaron a cabo también obras auxiliares de limpieza, retención de acarreos, protección de márgenes o captación de aguas pluviales. Igualmente se procedió a la reposición y terminación del viario y servicios y se sustituyó el asfalto y los servicios ejecutados como obras de emergencia por el viario contemplado en el Plan General con todos sus servicios. Pero el plan aún no está concluido y por ello está previsto su desarrollo en otro puntos como son el barranco de La Villa, el de Lepe en Agulo, el de Vallehermoso y el de Santiago a medio camino entre San Sebastián y Alajeró.

La tutela de los consejos insulares de agua sólo se puede hacer valer mediante un instrumento como es el deslinde. O lo que es lo mismo; la delimitación de los terrenos que son públicos de los privados. En La Gomera se ha podido llevar a cabo este proceso en tramos concretos del Barranco de La Villa, en el de Santiago en Alajeró y en Valle Gran Rey.  Curbelo cree que se debe seguir avanzando en este sentido y para ello demanda la cooperación de los propietarios de terrenos agrícola o urbana que conviven junto con el dominio público.

A nadie se le esconde que se trata de operaciones laboriosas, complicadas, en las que la cooperación entre el Consejo y los particulares debe ser muy estrecha. Los consejos están obligados a acotar y delimitar los terrenos que son propiedad de la comunidad. De esta manera se da vía libre al encauzamiento de los cauces y será posible destinar los terrenos que puedan quedar fuera a fines públicos, tales como parques, jardines o red viaria. O también proceder a otorgar concesiones, tal y como se ha hecho en Playa de Santiago o en San Sebastián, por ejemplo.

La recuperación y delimitación del dominio público hidráulico no es un capricho o un simple trámite, sino que responde a la premisa fundamental de respetar el cauce por donde han de discurrir las aguas de avenidas. Sólo de esta manera será posible evitar episodios trágicos como han ocurrido en algunas ocasiones en la Isla, con víctimas mortales incluidas o pérdidas materiales millonarias. La ocupación ilegal, el desvío de los cauces o su estrechamiento no sólo supone un acto delictivo, sino una irresponsabilidad que puede originar grandes daños.

Mapa de riesgos

Precisamente, por estas fechas se encuentra en exposición pública el plan de gestión del riesgo de inundación: borrador del Plan de avance. En este documento el Consejo insular de aguas identifica tres puntos de hipotético riesgo de inundaciones como son la desembocadura de los barrancos de Valle Gran Rey, Playa Santiago y San Sebastián.

De esta manera, el organismo autónomo dependiente del Cabildo cumple con la directiva europea que obliga a localizar de forma preventiva estos enclaves y luego realizar las obras correspondientes para evitar posibles percances. En cualquier caso desde el organismo autónomo se ha dejado siempre claro que se trata tan sólo de cumplir un mandato europeo pero que en ningún caso existe riesgo inmediato de que se produzca suceso alguno. La directiva tan sólo obliga a identificar los puntos en los que se puede elevar el cauce a causa de las lluvias lo que daría lugar a algún problema en caso de que en estos enclaves se localice un núcleo urbano o incluso un edificio protegido. A lo largo de este proceso primero se llevó a cabo la fase de identificación y a continuación se elaboró el mapa de riesgos y por último se procederá a aprobar los planes de control.

A partir de aquí se determinará qué actuación es necesario llevar a cabo como sería remover algún obstáculo o ampliar el cauce de los barrancos, entre cualquiera otra y el sistema de financiación. En cualquier caso lo que queda claro es que en La Gomera es muy limitado el número de puntos en los que podría producirse algún riesgo hipotético. En esta fase de los trabajos aún no se puede concretar la inversión que sería necesario comprometer para incidir en estos enclaves.

En estos momentos se ha elaborado ya el mapa de riesgos que se encuentra por segunda ocasión en exposición pública tal y como obliga la legislación. Por ello desde el Cabildo se hace un llamamiento a los vecinos para que participen de forma activa en este proceso con el fin de que conozcan en profundidad el documento y hagan lo posible por mejorarlo a través de alegaciones y sugerencias.
En el Plan Hidrológico, actualmente en revisión, gran parte de las medidas que se piensan adoptar tienen que ver con los barrancos y especialmente con su saneamiento. Los objetivos son preservar el dominio público hidráulico y marítimo terrestre, deslindar varios cauces y aumentar la vigilancia sobre su ocupación. En cuanto a la prevención de inundaciones, también estos elementos ocupan un lugar destacado, al hacerse una apuesta por su limpieza, mantenimiento, acondicionamiento y conservación en puntos como La Villa, en la zona de La Pila, en San Marcos o en barranco Seco. Entre estas actuaciones está, por ejemplo, la preservación y liberación de vegetación colonizadora y el encauzamiento del barranco de La Junta en Playa de Santiago, de la Cañada del Herrero, reposición de infraestructuras en el de Hermigua y en el de Valle Gran Rey.

Prensa Cabildo Insular de la Gomera

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