San Sebastián y su ermita, una historia llena de altibajos

OLYMPUS DIGITAL CAMERAGOMERATODAY.- San Sebastián celebra este 20 de enero el día de su patrón, la onomástica de un soldado romano que llegó a capitán de la guardia pretoriana siendo respetado por todos y apreciado en principio por el emperador Dioclesiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos de los romanos. Además, como buen cristiano, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo.

El Emperador lo amenazó de muerte por ello, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado, los soldados lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de flechas, tirando su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.

El culto a San Sebastián es muy antiguo; Es invocado contra la peste llegando a ser uno de los santos más reproducidos por el arte. De su talla en la capital gomera no se sabe demasiado ni de su gestación ni de su traslado hasta la isla, ya que ningún aporte documental se refiere a la misma, aunque la blandura de sus formas, así como la pesadez con la que se muestra al espectador y cierta desproporción e inmovilismo lleva a los expertos hacia un autor canario probablemente de segunda fila o a un maestro en su etapa de formación de las escuelas canarias del siglo XVIII.

Muy diferentes son los datos de la ermita de su mismo nombre, una de las primeras fábricas junto a la iglesia de la Asunción con las que se contó en San Sebastián. Fundada en torno a 1535 por orden del primer Conde de La Gomera, Don Guillén, esta ermita recoge el gusto por la arquitectura portuguesa, tal y como puede verse en los capiteles de las columnas del arco que da paso a la capilla mayor. Destaca la clave del arco de la entrada, con un relieve de las flechas alusivas al martirio del santo romano y el árbol donde fue martirizado.

En principio la ermita contaba con cierta solvencia económica gracias a las rentas que le proporcionaba unas tierras situadas en en el valle de la Condesa (Chipude), pero los contínuos saqueos que sufre la villa desde 1571 la van dejando en ruina. Hugonotes, holandeses y argelinos, que terminan incendiando el pueblo en 1618, dejan el edificio muy deteriorado y con amenaza de ruina.

No será hasta 1674 cuando se estén rematando las obras de reconstrucción del edificio, si bien fue en 1745 cuando la fábrica pudo contar con la talla del santo que hoy conocemos, además de la pila bautismal.

El siglo XIX vuelve con una etapa de decadencia al cebarse con la firmeza de la construcción una serie de temporales entre 1812 y 1833, derrumbando un lienzo de la pared. Los nuevos arreglos incluyen la colocación de una espadaña en la que se coloca una de las campanas de recién desamortizado convento de los Santos Reyes.

En la actualidad la revitalización de las fiestas de San Sebastián y la devoción al santo, además de la vinculación de la ermita con la gesta colombina, han permitido un florecimiento en sus cuidados dándole estabilidad al edificio y a su imagen.

Alberto Darias Príncipe: La Gomera Espacio, Tiempo y Forma/ Redacción

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