El Garajonay (Por Yolanda Gómez)

Hace poco más de un año llegué a La Gomera por primera vez. Como tantos canarios que venimos a trabajar a la Isla… llegas con incertidumbre. Y no porque venga de La Palma, sino porque La Gomera se convierte para nosotros en el lugar donde volver a empezar, y nunca sabemos hasta cuándo. Y lo cierto es que, antes de pisar la Isla, te dicen que es mágica…..y claro, eso te parece lo menos importante. Un día abre los ojos y ves que ha pasado el tiempo. Que sí, que había magia y que te apetece contarlo y compartirlo con los que ya están aquí, y con los que están por llegar.
Soy periodista, leo, escribo e informo… pero La Gomera te enseña a escuchar a la gente, a la naturaleza, incluso, a uno mismo. Te regala todo….y seguramente esa era la magia de la que me advirtieron….Yo, con el permiso de todos les voy a ir contando, cómo y dónde, la he ido encontrando. Bienvenidos.

CAPÍTULO TRES: EL GARAJONAY

Empecé a sentir curiosidad por el Parque a través de los ojos de los demás. Y cuando hablo de los demás, hablo de los turistas, a los que no me gusta llamar así, porque los que llegan hasta La Gomera son, en su mayoría, senderistas. Y detrás de cada uno de ellos hay historias que se han ido tropezando conmigo… o yo me ido encontrando con ellas.
Una de las cosas que me traje de Inglaterra fue el inglés. Gracias a eso pude hablar con Bart, un joven holandés que acababa de terminar el instituto y que había recorrido las Islas hasta llegar al Parque Nacional de Garajonay. Venía para dos días y, cuando me encontré con él, ya pensaba en regresar de nuevo. Desde pequeño había viajado con sus padres y ésta era la primera vez que lo hacía solo. George y Lisa no tenían hijos, viajar y visitar la naturaleza era lo que más les gustaba hacer. Venían del suroeste de Londres y habían escuchado hablar de La Gomera a través de unos amigos. Cuando hablamos, me decñian que estaban pensando en alquilar un local en Valle Gran Rey para dar clases de yoga y poder tener el bosque más cerca. George era diseñador de videojuegos y se le iluminaban los ojos cuando contaba lo maravilloso que sería poder crear un videojuego con el interior del Parque. Marie y Julien eran un matrimonio que llevaba años viniendo a La Gomera, durante un mes recorrían los senderos de la Isla, no eran jóvenes, pero cuando te enseñaban en el mapa los kilómetros que hacían cada día, nunca hubieses podido adivinar que pasaban de los 70. Todos ellos, incluída aquella francesa que vendió su casa y su empresa para comprar un velero y poder así venir cada vez que quisiera, todos ellos, sabían que aquel bosque era un lugar al que volver.

hierba en el parque nacional garajonay en la gomeraEl Parque Nacional de Garajonay es el lugar en el que te das cuenta del ruido que te acompaña 24 horas al día. Si vienes de una ciudad, aquí pones los brazos en jarra y das un giro de 360 grados para comprobar que, todo eso que te rodea, es algo que te estabas perdiendo y que ahora miras por primera vez. Porque corremos y no nos damos cuenta, corremos incluso cuando nadie nos espera. Las 24 horas del día se nos hacen pocas y siempre nos vamos a la cama pensando en lo que hemos dejado pendiente, con algún lamento. Y no puedes más que sentirte agotado… hasta que pones los brazos en jarra y regresas al presente. A ese momento en el que miras a tu alrededor y estás en medio de la laurisilva, y no se escucha nada. Sin duda es uno de esos lugares del mundo en los que parar la mente y dejarte, a tí mismo, estar en calma.

El Parque es el centro de todo, el corazón de La Gomera. Lo fue antaño, y lo es ahora. Antes como medio de vida y fuente de recursos. Ahora, como meca de los senderistas. Del turista cansado de playas y zonas turísticas que responden más a un decorado de los 60 que a un lugar lleno de naturaleza. Porque al final el ruido imparable de las ciudades aturden, y esa es una verdad universal. Da igual dónde vivas y a dónde vayas, está ahí, a nuestro alrededor. Por eso nos resulta tan incómodo (y tan complicado) leer la simpleza de las cosas que nos rodean. Quizás por eso la gente va a los bosques, en busca de esa pureza perdida, del silencio y del aire limpio. Para reaprender a leer todo eso que pasa cuando de repente dejas de pensar. Cuando eso ocurre aparecen las imágenes y, con ellas, la simplicidad que no podíamos leer.

mujo en el parque nacional de garajonayMi amiga María llamó a esta fotografía  ‘Sistema de contraincendios activado’ y la sacó cuando apenas llevaba unas semanas en La Gomera. La herida del Garajonay es la que la trajo hasta aquí, a esa parte del bosque que el fuego castigó y que hoy por hoy, un equipo entregado, intenta sanar día a día, con mimo y con respeto… no se les ve, pero hacen un trabajo minucioso cuya motivación final no es otra que la de ayudar a que ese bosque castigado, pueda caminar solo.

mariquita en el parque nacional garajonay en la gomera

Un día, mientras preparaba una noticia sobre los trabajos que se están llevandoa cabo para recuperar la biodiversidad precisamente en estas zonas quemadas, mi compañera de trabajo, Sara, captó esta imagen. La llamó ‘Un día cualquiera en el Garajonay’.
Y a mí me pareció que no había nada que pudiese explicar mejor aquel momento. Una parte del bosque sigue viva y que lucha por regenerarse, por resurgir, por no perder la esencia y volver a ser todo lo que un día fue. Y te sonríes al pensar… qué tanto nos parecemos. Porque no se trata solo de poner los brazos en jarra en medio del Garajonay para darnos un respiro… se trata de volver a darnos esa segunda oportunidad.

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