La mujer en las comunidades pesqueras de La Gomera

playa de vueltas barcosLa mujer gomera como en el resto de las Islas Canarias ha sido y continúa considerándose un pilar básico en nuestra sociedad. En el presente escrito nos vamos a centrar en el papel que ha jugado en la actividad pesquera, su participación en las fábricas de conservas, la venta directa de pescado en los núcleos de población dispersos en la geografía insular, el destacado aporte social y educativo en el entorno familiar, adquiriendo con el tiempo un rol destacado en todas las comunidades pesqueras de la Isla.

Para poder entender el funcionamiento del colectivo de pescadores y la parcela que ocupa la mujer, nos remitimos al proceso de formación del pescador, éste comienza a faenar con apenas ocho o diez años en labores que implican la mayor parte de las veces un derroche físico muy por encima de sus posibilidades. Ante la necesidad de ayudar a sus padres, la mayoría de estos chicos apenas pisan la escuela, y con tan sólo doce o trece años se convierten en curtidos pescadores que invierten más horas en el mar que en tierra. La ausencia del hombre obliga a la mujer a ejercer de cabeza de familia, encargada de las tareas en tierra asumiendo la responsabilidad de la familia, hijos, educación, sanidad, etc.

Una de las actividades realizadas por las mujeres es la comercialización del pescado al menudeo, esta venta bien puede ser a pie de playa, en los puestos del antiguo mercado municipal, en céntricas casas de pescadores o por todos aquellos rincones del pueblo que mayor tránsito de gente hubiera, como cruces de calles, plazas, etc. Cuando las barcas realizaban la pesca de noche, las esposas de los pescadores madrugaban, y desde primeras horas de la mañana antes de salir el sol, se situaban en la orilla del mar esperando la llegada de los barcos para recoger las capturas y proceder a su posterior venta. En un pequeño espacio se improvisaba el mercadillo, separaban el pescado por especies en las cajas y con las balanzas y los pesos llenos de escamas secas, al grito de ¡Pescado Fresco! los viandantes compraban la pesca del día.

Por otro lado, tenemos bastantes referencias sobre aquellas mujeres que con nulos conocimientos académicos, no sólo calculaban el peso a ojo sino que también ajustaban al momento cualquier problema aritmético de kilos por pesetas al céntimo. Nos referimos a todas aquellas vendedoras de pescado que se cargaban enormes cestos de mimbre en la cabeza y recorrían pueblos y barrios ofreciendo casa por casa, su mercancía, intercambiada la mayor parte de las veces por papas, carne, o cualquier otro alimento, a modo de trueque.

Otra de las actividades que merece atención, es su empleo en las fábricas de conservas que se ubicaron en la Gomera a principios del siglo XX. Si por un lado los hombres se dedicaban a la extracción de los túnidos, las mujeres eran las encargadas de las labores de limpieza y enlatado del pescado tanto en la Rajita, Playa de Santiago como en la Cantera, y cuyo sueldo servía de complemento importante para la economía familiar, sobre todo en esos años de miseria, penuria y enormes dificultades básicas.

Según los propios pescadores, las instalaciones de la Rajita llegaron a albergar cerca de 300 personas. Cuando visitamos las instalaciones y observamos este espacio tan minúsculo, nos preguntamos cómo era posible y sobre todo bajo qué condiciones, se soportaba la convivencia de tantos trabajadores en este pequeño barranco de calmas permanentes, durante el solsticio de verano.
Como antes apuntábamos, la mayor parte del tiempo, el varón estaba embarcado pescando y era la mujer quien se encargaba del resto de las tareas; los arreglos de la casa, la economía familiar, el cuidado de los hijos, la tenencia de algún animal con el que obtener carne, etc. En muchos casos, sobre todo en Valle Gran Rey la esposa era la responsable del cuidado del huerto familiar, y luego en invierno cuando el tiempo no dejaba faenar, se amarraba la flota y ambos cónyuges procedían a trabajar en el campo.

Según nos comentan algunos de los pescadores, la mayoría de las familias, tenían que hacer frente a la economía familiar con otras actividades complementarias, sobre todo en épocas de escasez de capturas, temporales, o bajos precios en la venta del pescado. La mayoría de las veces son las mujeres quienes ejercen esta labor tanto en el campo, los empaquetados, algún negocio familiar, o bien en el sector servicio, primero en aquellas casas cuyas familias eran consideradas de mayor poder adquisitivo y más tarde en residencias dirigidas al sector terciario.

Con la llegada del turismo, se produce el gran cambio en la Gomera, y son las mujeres precisamente las primeras en adaptarse a estos cambios, pues ya tenían experiencia acumulada en este sector, desde la limpieza de apartamentos cuando llegaban los veraneantes, la gestión burocrática a la hora de pedir algún préstamo para adquirir una nueva embarcación o ampliar la vivienda, el sentido del ahorro, distribución e inversión del dinero acumulado en épocas de bonanza económica, etc.

Esta capacidad de toma de decisiones por parte de la mujer se había ido afianzando cada vez más en concordancia con un sistema económico cambiante, pasando de ser la pesca la actividad principal, a ser el turismo el motor dinamizador de la economía familiar e insular. En muchos pueblos de la costa, las esposas de los pescadores habían ido rehabilitando antiguos cuartos destinados a los útiles de pesca, o construyendo anexos a la vivienda cuyo destino era alquilarlos a un turismo cada vez más abundante. Otras veces pasaban a formar parte del personal de servicio de hoteles y apartamentos que se asentaban en la playa, o bien se ponían al frente de incipientes hostales, bares y restaurantes. En cambio el hombre ejerce funciones de colaborador en las nuevas actividades o bien continua en el sector de la pesca, aún a pesar del cierre de las fábricas, pero esta vez orientada a los demersales, suministrando las capturas a bares y restaurantes de la zona. Pero en general, podríamos decir que es la mujer la que adquiere un mayor protagonismo en la nueva esfera económica.

A grandes rasgos podemos decir que por circunstancias de la actividad pesquera el hombre ve consumido la mayor parte de su tiempo en las faenas de extracción del pescado, dedicando la mayor parte de su vida al trabajo en el mar. Por otra parte es la mujer quien ante la ausencia del hombre en tierra, asume funciones de coordinación, distribución y puesta en funcionamiento de la empresa familiar, controlando directamente la unidad económica. Por último, la nueva situación iniciada con el turismo refuerza aun más la situación de una mujer con mayor experiencia para afrontar el cambio, quien a diferencia de los hombres, anclados en costumbres y valores tradicionales, se convierte en pieza clave para asumir mayores responsabilidades y el control en las comunidades pesqueras de la Gomera.

Antonio Cecilio Jerez Herrera| Eseken

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