El Atajo (por Yolanda Gómez)

Hace poco más de un año llegué a La Gomera por primera vez. Como tantos canarios que venimos a trabajar a la Isla… llegas con incertidumbre. Y no porque venga de La Palma, sino porque La Gomera se convierte para nosotros en el lugar donde volver a empezar, y nunca sabemos hasta cuándo. Y lo cierto es que, antes de pisar la Isla, te dicen que es mágica…..y claro, eso te parece lo menos importante. Un día abre los ojos y ves que ha pasado el tiempo. Que sí, que había magia y que te apetece contarlo y compartirlo con los que ya están aquí, y con los que están por llegar.
Soy periodista, leo, escribo e informo… pero La Gomera te enseña a escuchar a la gente, a la naturaleza, incluso, a uno mismo. Te regala todo….y seguramente esa era la magia de la que me advirtieron….Yo, con el permiso de todos les voy a ir contando, cómo y dónde, la he ido encontrando. Bienvenidos.

CAPÍTULO DOS: EL ATAJO

El día que llegué a La Gomera venía de Inglaterra. Allí llevaba casi dos años. Una de las cosas que más me costó aceptar fue el hecho de que los ingleses te tiendan la mano cuando los conoces. Y no es una metáfora, te la tienden literalmente para decirte hola. Eso marca la distancia y uno, que viene de Canarias, pues no puede evitar sentirla. Y la haces tuya porque al final se trata de adaptarse, no te queda otra opción. Me gusta Inglaterra, pero no los apretones de manos. Aunque apenas han sido dos años viviendo fuera, formo parte de esa generación que ha tenido que meter en una maleta lo poco que teníamos y salir a la aventura. Ahora, por “un giro del destino”, tambien soy parte de los que hemos tenido la oportunidad de regresar.

El Atajo es un barrio de San Sebastián de La Gomera, un barrio con encanto, con apenas un puñado de casas y con un bar que se llama, como no, “El Atajo”. Me senté allí por primera vez cuando ayudaba a mi amiga María a buscar una casa. Un giro del destino que tambien incluía que ella acabase en La Gomera. Necesitaba un lugar tranquilo para vivir y, esta parte del barranco de San Sebastián, reunía todas las condiciones: tan solo se escuchaban las ranas, los cencerros de las cabras y el agua del barranco cuando corría.bar del atajo

Así que, sin duda, aquel era el sitio. Allí nos había estado esperando su casa y, también, el bar de toda la vida. De esos que se han convertido en la esencia que buscan los turistas, dónde consiguen hablar con la gente local, aunque sea por mímica, y probar el vino o el almogrote casero. Ese es el recuerdo que se llevan y el que, en la mayoría de los casos, también les hace regresar.

‘El Atajo’ no es solo un bar, es un lugar de reunión, un “club social”…depende del día, y de la hora. De esos lugares que te sorprenden con la mejor carne de cabra del mundo y en los que, los domingos, preparan unas riquísimas arepas. Un lugar dónde atreverte a probar el gomerón o el aguardiente de la casa. Te brindan una silla, un vaso de vino y buena conversación. Son agricultores, ganaderos, vecinos y familia. Es la sabiduría de los mayores, de los que han vivido siempre allí y de los que han ido llegando. No los conoces pero, después de media hora, te abrirían las puertas de su casa.casa el atajo

Cuando te sientas en ‘El Atajo’ esta es la imagen que te encuentras de frente. Es el paso del tiempo…. la huella de la tradición, del hacer de antes. Y no puedes sino levantar la copa de vino por haber descubierto un tesoro, el atajo perfecto para reencontrarte con aquello que un día tuviste que dejar atrás. Sólo en ese momento entiendes que dar un apretón de manos, a veces, no es suficiente.

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