Se cumplen 64 años de la partida del ‘Telémaco’ con 171 emigrantes rumbo a Venezuela

telemacoFueron las condiciones socio económicas las que obligaron a nuestros antepasados a abandonar Canarias. El período que siguió a la guerra civil española fue una época de crisis económica. La elección de Venezuela como destino de la emigración, en este tiempo, se debió a que Venezue­la significó para los canarios la Tie­rra Prometida. Se trataba de un país que poseía grandes riquezas naturales, que se encontraba en vías de desarrollo y de rápido crecimiento económico gracias a la explotación petrolífera, lo cual significaba tener grandes posibilidades para los que llegaban buscando trabajo.

Un pasaje a Venezuela costaba entonces unas seis mil pesetas, a las que había que sumar los gastos y trámites de los documentas y permiso de entrada al país, lo que lo elevaba hasta unas diez o doce mil . Es decir, toda una fortuna en aquellos tiempos de privaciones y de miseria.

La preparación de las trave­sías clandestinas sigue los mismos pa­trones en todas las islas. Existía una red de hombres encargados de organi­zar este tipo de viajes cuya función consistía, por un lado, en contactar con quienes querían emigrar y,  por otro, recoger el dinero del pasaje. El impor­te ascendía en algunos casos a 5.000 pesetas, 4.000 en otros e incluso hubo quien pagó unas 3.000 pesetas añadien­do provisiones para el viaje, todo ello suponía gran esfuerzo, pero era al mitad que hacerlo de forma legal.

Los bar­cos empleados para este fin eran de madera, viejos y desechos, exis­tentes en Canarias para el cabotaje entre islas y pesca por la colonia del Sáhara. En la Gomera en principio se esperaba el ’Aguila de oro’, pero el que vino finalmente fue ‘el Telémaco’,un barco de 27 metros de eslora, y más o menos 6 metros de eslora y de puntal, que se compra por 575.000 pesetas de la época.

El Telémaco llega a San Sebastián de La Gomera desembarcando algunas mercancías y recogiendo a los primeros hombres que van a intentar salir de la  isla, zarpando de la Villa el día 5 de agosto de 1950 como si siguiera hacia Tenerife, aunque en rea­lidad su rumbo era  Valle Gran Rey. El secreto con el que se llevó esta operación no era otro que el establecimiento de un puesto de la guardia civil en la capital , lo que significaba que cualquier desliz en cuanto a las intenciones de cruzar hacía América sería abortado de inmediato si su conocimiento llegaba a oídos del cuerpo.

En Valle Gran Rey se recoge a los emigrantes de esta zona y de Alojera y las provisiones que allí se tenían guardadas. Mientras tanto la gente de la zona norte de la isla es embarcada en una playa cerca de San Marcos (La Playita), en Agulo, ese mismo día al anochecer, para des­de aquí poner rumbo a Tenerife.

En la isla vecina también suben pasajeros en Valle Guerra y en Taganana, teniendo que dejar aquí a muchos en tierra, pues eran los gomeros quienes habían organizado el viaje y no estaban dispuestos a embarcar el gran grupo que allí estaba esperando.

Desde Tenerife se vuelve a zarpar hacia La Gomera a buscar más provisiones y a cambiar los bidones de agua (que conteniendo anteriormente gasoil no habían sido bien la­vados). Por fin el día 9 de agosto de 1950 el Telémaco parte hacia Venezuela con 170 hombres y una mujer a bordo, el viaje los primeros días, una vez dejada la isla de el Hierro, es relativamente tranquilo, salvo la normal incomodidad del hacinamiento de tantas personas en un barco preparado para 20 o 30 pasajeros, pero tras dos semanas de navegación la embarcación es azotada por un temporal  perdiéndose la totalidad de la carga: maletas, agua, comida… que iba en la cubierta.

La mayoría lo vivió en la bo­dega, pero algunos lo hicieron más de cerca, como Cristóbal Suárez (de San Sebastián), que fue quien lle­vó el timón toda la noche, amarrado a él para no ser arrastrado por la tormenta.

El estado emocional no podía estar peor, aunque no acabaron aquí las penalidades de los viaje­ros, que tuvieron que soportar otro temporal a los pocos días, aunque menos fuerte que el primero , convirtiéndose la escasez de agua a partir de estos momentos en una auténtica pesadilla.

Después de unos pocos días de incertidumbre y con el rumbo puesto hacia Barbados los que ‘man­daban’ en el barco decidieron poner rumbo a la isla de Martinica, permaneciendo allí 4 días y siendo bien tratados por descendientes de esclavos llevados a allí para trabajar en la caña de azúcar , consiguiendo además avituallamiento para lo que restaba de viaje más la incorporación de un nuevo pasaje­ro que se unió a la expedición. El bar­co zarpaba el 11 de septiembre rumbo a Venezuela, donde llega por fin, cinco días más tarde.

El destino no quería que acabaran las penalidades puesto que al atracar en el puerto de La Guaira se presentó la guardia nacional para informarse de quienes eran aque­llos viajeros y  los responsables del barco.

Es en estos momentos cuando se produce el desmembramiento del grupo que había par­tido de La Gomera. Unos 130 del total fueron llevados a la isla de Orchila lu­gar en el que permanecieron unos vein­te días hasta que en varias expedicio­nes fueron trasladados al continente, donde, por fin, se les fue arreglando la documentación y donde cada uno fue buscando su camino. Otros, los menos, traían ya la documentación en regla o escaparon del barco, mientras los que habían ejercido de tripulación fueron enviados a la Cárcel Modelo de Ca­racas, estos últimos, un total de 14 personas fueron devueltos a Canarias el 4 de noviembre tres meses des­pués de iniciar el viaje, con el ánimo por los suelos y las esperanzas frus­tradas.

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