Las protestas contra el petróleo revientan el acto institucional del Día de Canarias

manifestación no al petroleoEl grito de «No al petróleo» sonó ayer más alto que nunca al convertirse el Teatro Guimerá, en Santa Cruz de Tenerife, en un altavoz «perfecto» para cerca de medio millar de personas que protestaban por fuera del recinto contra las prospecciones petrolíferas que Repsol pretende realizar frente a las costas de Canarias. En el interior del edificio se celebraba el acto institucional del Día de Canarias en el que se entregaron las Medallas de Oro y los Premios Canarias 2014.

Desde fuera se oían de vez en cuando los pitos y algunos golpes en las puertas exteriores del recinto, mientras la fachada se iluminaba con un proyector colocado en una vivienda frente al teatro y que escribía con luz «No al petróleo».

El petróleo inundó la platea y terminó por reventar el acto, que se dio por acabado en el momento en el que irrumpieron a tropel unas 40 o 50 de las personas que se habían estado manifestando en la calle durante la celebración. Antes del asalto al teatro –pacífico pero asalto, al fin y al cabo–, las autoridades policiales y la organización ya habían decidido suspender la interpretación del Himno de Canarias con el que se debía clausurar el acto y que, en esta ocasión, iba a correr a cargo de un numeroso grupo de niños pertenecientes a cuatro coros de la Escuela Municipal de Música y del Conservatorio Superior de Música.

Se esgrimió entonces una cuestión de seguridad para los menores, pues los niños aguardaban en el edificio de la Recova Vieja, frente al teatro a la espera de su turno para cantar. Cuando llegara el momento, iban a ser conducidos hasta el teatro, sin embargo, los manifestantes rodeaban la plaza, cogidos de la mano a la par que gritaban consignas.

Según fuentes policiales, «los manifestantes debían estar organizados, ya que se daban instrucciones con pitos». Según relató uno de los agentes, utilizaban los silbatos para ir de un extremo al otro de la plaza, rodeando el teatro, entre la puerta delantera y la trasera.
Así, cuando el acto ya había concluido y los empleados del teatro abrieron las puertas para desalojar, los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) destacados para la seguridad exterior se encontraban en uno de los laterales del teatro vigilando al grueso de los manifestantes. En la puerta principal, solo dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía se vieron desbordados para contener al otro grupo, más pequeño, que finalmente entró dentro sin que nadie se lo impidiera.

Con pancartas, silbatos y con las manos tiznadas de negro, los exaltados se subieron sobre el escenario cuando aún estaban los galardonados sobre él, así como el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, y el resto de personalidades que componían el jurado de los premios, entre ellos el presidente del Parlamento regional, Antonio Castro Cordobez.

La muchedumbre que acompañó al grupo que se había subido a la tarima les vitoreaba desde el patio de butacas e impedía que el público asistente al acto y que había llenado el recinto lo abandonara con tranquilidad. Alguno de esos invitados, incluso, mostró satisfacción por la protesta animándoles con algún aplauso.

Consignas
Desde el estrado, una decena de jóvenes gritaron: «Renovables sí, petróleo no», «Que no, que no, Canarias no se vende, Canarias se defiende, «Soria cabrón, eres un traidor» o «Soria traidor, tu sueldo lo paga Repsol».

Animados desde arriba, y sin que nadie hiciera nada para que desalojaran la sala –quizás eso era lo más recomendable por la seguridad de todos, dejando que la protesta se diluyera conforme pasaba el tiempo– vituperaron a los políticos que aún estaban en sus asientos con cara de no entender cómo se había permitido la entrada de aquel grupo de exaltados. Los manifestantes les recomendaron: «Id buscando un empleo, porque no nos representan» o «PP-PSOE y Coalición, la misma mierda son» y «aquí está la cueva de Alí Babá».

Fuera, los agentes de la UIP, que habían reaccionado tarde, bajaron por la plaza hasta las puertas principales del Guimerá para impedir que más manifestantes se colaran en el interior. En el hall del teatro, los invitados conversaban entre sí aún perplejos con la situación y los que habían subido al escenario comenzaron a mezclarse con el público. La mayoría de los políticos, empresarios, autoridades militares y policiales, periodistas e invitados fueron desalojando el teatro a espaldas de los agentes de la UIP que habían formado una cadena humana, escudos en mano incluidos, para evitar males mayores en la salida. Otras autoridades, las menos, salieron por las puertas traseras del edificio para evitar la confrontación con los manifestantes.

En el hall, por un momento, se escucharon más gritos, pero en esta ocasión no rechazaban las catas petrolíferas, sino que arremetían contra la organización al no entender que «los niños no hubieran cantado, con la ilusión que tenían tras dos días ensayando».
La protesta se terminó de la misma forma que empezó, pacíficamente, y sin que se registraran detenidos, al menos hasta el cierre de esta edición.

Miguel Angel Autero/La opinión.es

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