El Premio Nobel de la Paz para la Gomera (por Felipe Clemente)

valle gran rey vueltas y la playaEl olvido, ese devorador implacable que engulle lentamente nuestra memoria, se ha llevado consigo el recuerdo de algunos de los acontecimientos sociales más dignos de ser destacados en nuestra isla. Siempre hay alguien interesado en invocar a la voracidad del olvido, pero ahora no se trata ni de centrarse en este tipo de personajes ni en sus motivaciones.

Afirmar que La Gomera tiene un Premio Nobel de la Paz, parece a primera vista algo disparatado, presuntuoso y hasta falso. Sin embargo, no es así del todo. Retrocedamos en el tiempo, empuñemos el bisturí para abrir y buscar en las polvorientas entrañas del olvido y así sacar a la luz uno de los acontecimientos que mas debe hacernos sentir orgullosos de nuestro pueblo…

Estaba llegando a su fin la década de los noventa. Sí, esa en que España organizó los Juegos Olímpicos en Barcelona y la Exposición Universal en Sevilla. Quedaban pocas páginas del calendario del año 1998, entre finales de octubre y principios de noviembre, cuando la tragedia saltó en forma de noticia desde los telediarios. Fue entonces cuando sentimos la cercanía y la furia de la palabra HURACAN.

Lo llamaron Huracán Mitch. Tan pocas letras para tanto terror. Los elementos de la naturaleza se concentraron en una fuerza devastadora que barrió Centroamérica y el Caribe. El Huracán Mitch alcanzo la categoría 5 (la máxima de la escala), con vientos de hasta 285 km/h, dejo un rastro de entre 11.000 y 18.000 muertes directas de personas, mas unos 130.000 evacuados. Los daños materiales se valoraron en unos 6.000.000.000 de dolares. La zona mas afectada fue Honduras y Nicaragua, aunque también alcanzo a Guatemala, El Salvador, Bélice, parte de Méjico y sur de EE.UU. El panorama resultante incluía ríos desbordados, inundaciones, casas, carreteras y puentes destruidos, fosas comunes, la malaria, el cólera, dengue, cultivos y ganado arrasado. El deslizamiento de parte del Volcán Casita cubrió de varios metros de lodo a unos cuatro pueblos en un área de 16 km de largo y 8 de ancho. (Fuente: Wikipedia).

Es difícil imaginar la verdadera dimensión de tal catástrofe humanitaria, tanto por la gran extensión de la zona afectada como por el número de victimas directas e indirectas. El bombardeo de las imágenes y de noticias en los telediarios fue continúo. Y en ese momento fue cuando algo hizo clic en las conciencias de Valle Gran Rey y La Gomera…

La chispa de la solidaridad prendió. Saltando de boca en boca se desató un movimiento individual y anónimo que buscaba la manera de ayudar a las victimas del Huracán Mitch. Por aquel tiempo existía en Valle Gran Rey una asociación juvenil llamada Colectivo Sociocultural Yorima, que agrupaba a una serie de jóvenes con inquietudes.

Pues bien, frente a lo que suele ser habitual, el pueblo de Valle Gran Rey tomo la iniciativa y no se dejo arrastrar por los corazones vacíos de la clase política que se quedó fuera de juego, paralizada y mirando para otro lado…no había rentabilidad electoral que arañar.

Ante la contemplación de la gigantesca catástrofe, distintas personas del pueblo mostraron su inquietud y ganas de ayudar. Se acercaron al Colectivo Sociocultural Yorima con la siguiente pregunta: ¿No van hacer nada?. Ahí empezó a organizarse todo.

MEDICOS SIN FRONTERAS El Colectivo Sociocultural Yorima se convirtió en el elemento de referencia para la organización de aquel movimiento de solidaridad con las victimas del huracán. Cientos de personas aportaron su granito. Imposible recordarlos a todos, pero el grano hizo granero. Cada persona contribuyo haciendo su aportación de manera desinteresada y en la medida de sus posibilidades, desde particulares a empresarios, incluyendo a las orquestas. Unos aportaron trabajo, otros su donativo, bien en dinero o en artículos para hacer un sorteo, etc…. Valle Gran Rey era solidario. El acto central de aquella explosión de solidaridad fue un baile, en el que se recaudaron aproximadamente 1.200.000 pesetas.

Pasado el huracán llego la calma. El desastre se mostró con toda su virulencia a los ojos del mundo. Ante aquella catástrofe humanitaria acudieron a los países afectados cientos de ONG (Organización No Gubernamental) con la ayuda internacional. Una de aquellas ONG fue Médicos Sin Fronteras. Justamente, fue Médicos Sin Fronteras la ONG que recibió el apoyo y la recaudación total de aquella campaña de solidaridad del pueblo de Valle Gran Rey.

Llegó el año 1999 y con él la sorpresa. Ese año se concedió el Premio Nobel de la Paz a Médicos Sin Fronteras (Carta agradecimiento a la izda)  por su labor humanitaria, especialmente por su actuación tras el paso del Huracán Mitch. Así que no resulta tan disparatado decir que La Gomera tiene un Premio Nobel. Es verdad que no lo tiene, pero al menos si que participó en hacer posible ese premio. Evidentemente, lo importante aquí no es tanto el premio como la labor solidaria que le precedió y que ayudo a muchísimas personas desamparadas.

Rescatemos del olvido aquellos acontecimientos que son dignos de orgullo, porque un pueblo como el nuestro se volcó de manera fraternal, solidaria y masiva a ayudar a quienes lo necesitaban en momentos trágicos y al otro lado del Atlántico. Rescatemos del olvido a todas aquellas personas que aportaron su grano de forma desinteresada. Para todos ellos dedico este pequeño y humilde homenaje en reconocimiento y agradecimiento.

Felipe Clemente Morales. Ex Presidente del Colectivo Sociocultural Yorima

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