Versos: ¡Un grito por la Gomera! (por Antonio L. de San Pedro)

garajonay trabajando la madera¡Un grito por La Gomera!

¡Un grito por La Gomera

de todo aquel que la quiera!

 

Desde Arure alzo la voz

gritando a los cuatro vientos

por si ha llegado el momento

de evidenciar algo atroz,

de exclamar con gran dolor

con respeto y sin enojos

que se pongan anteojos

para que puedan mirar

y con detalle observar

lo que pasa ante sus ojos.

 

Es hora que medianías

se junte a las cabeceras

y los demás que quisieran

nos unamos en la vía

y aunque sea a la porfía

imite a Fuenteovejuna.

Sin hacha y sin arma alguna

y mucho menos sin bajas,

haga de su alma lanza

y defienda su postura.

 

Que de razón salga armado

a defender el legado

de nuestro monte encantado

que a nosotros ha llegado

heredad de antepasados.

Sean tus manos banderas

pon corazón por trincheras

apóstate en las veredas

o avanza por donde quieras

hasta ganar la refriega.

 

Que no se llamen a engaños,

que en el bosque que apreciamos

el hombre ha puesto su mano

tal vez por miles de años.

Ver con lentes sin empaño

y apreciar lo que tenemos

porque todo lo debemos

a pueblos de medianías

y al ganado que tenían.

¡Juntos lo rescataremos!

 

Tomen las autoridades

conciencia de este momento

se sumen a todo encuentro

y devuelvan los canales

a las personas cabales,

las que amamantó este monte,

conocedoras del bosque

que propicien sintonía

con pueblos de medianías

y que vuelva aquel entonces.

 

No estamos contando un cuento,

que están llamando al envite

a que alguno se desquite

con sin razón de argumento

y escoja cualquier pretexto

para alguna chifladura.

Y nuestra Isla futura

esté carente del monte

con carbón como pulmones.

¡Ay Dios mío que locura!

 

Que retumben los tambores

y repiquen las campanas,

silbemos con fuerza y ganas

con cantos atronadores

y que salgan procesiones

gritando con misma voz:

¡Fuenteovejuna señor!

No se distinga color

ni discrepancia en razón

y que se haga con honor.

 

Sepa todo conocido

que ya he comprado el pasaje

para mi último viaje

y así emprender el camino

que me depare el Divino.

Pero ante mi marcha quiero

decir lo que considero:

Que el monte es un ‘charasquero’

por donde quiera un ‘yesquero’.

¡Qué Dios nos libre del fuego!

 

Tal vez no entiendan porqué

me vuelco con tanto ahínco

y por tanto les explico:

Junto al pueblo me crié

yendo hasta el monte a traer

aquello que nos brindaba,

pues nada se despreciaba

porque todo eran ventajas

para corrales y casas.

¡Ya que al pueblo alimentaba!

 

El monte nos obsequiaba:

Madera para el hogar,

para guisar y hornear,

sus aguas la sed saciaba

y con ella se regaba.

‘Juargazo’ para corrales,

el pasto para animales…

y en los tiempos más estrechos

hasta la harina de helechos.

¡Fue el maná de los hogares!

 

¡Y qué se le daba entonces!

Se le daba nuestro amor

toda nuestra devoción

se limpiaba y se aclaraba

y el animal lo abonaba.

El monte estaba podado

y sobre todo cuidado.

Y si algún desaprensivo

lo esquilmara sin motivo

fácilmente era encontrado.

 

La belleza natural

donde el hombre esté presente

precisa de que su gente

se tenga que involucrar.

Es difícil soportar

la presión que le ejercemos,

porque si no la queremos

termina yéndose al traste

ya que surgirá el desastre

del hombre y los elementos.

 

Sencillas trochas modernas

se pudieran instalar

sin que hubiera que cortar

ningún gajo en las faenas.

Hay que gastarse las perras

en remedios invisibles:

Energías sostenibles

y aspersores extensibles

son soluciones factibles

que eviten daños terribles.

 

La idea fue planteada

meses antes del incendio

en el Cabildo Gomero.

Ciertamente no evitaba

la tragedia ocasionada,

aunque si pudiera ser

que evite cualquier después.

Seguro que hay soluciones

que protejan nuestros montes.

¡Porque algo habrá que hacer!

Publicado en algún medio

un escritor conocido

parecida idea dijo

algo después del incendio.

No importa quién fuera previo,

lo que valen son acciones

para buscar soluciones

que eviten males mayores

y se opte por las mejores

con máximas prestaciones.

 

El escritor indicaba

el uso de agua salada

como medida obligada.

La otra opción contemplaba

energías combinadas

que con agua desalada

regara cualquier lomada

y escurra por las laderas

hasta llegar a las presas.

¡Y vuelta la remontada!

 

No estoy en contra de nadie

que defienda nuestro monte

ni pondría sobrenombre

si opuesto se sienta alguien.

Que el bosque su fuerza irradie

para juntar voluntades

que salgan de todos lares,

y el mundo entero en la red

nos defiendan a la vez

para evitar la debacle.

 

Les curso la invitación

para colgar estos versos

si creen llegado el momento

para agrupar intensión.

Sumar colaboración

porque a todos nos incumbe

ver frondosas nuestras Cumbres,

torta de ‘cuajá mojosa’

pero qué rica y sabrosa

adornada con sus nubes.

 

Nuestra lluvia horizontal

sea todo el arsenal,

las balas que disparar

en la batalla final.

Ya que hay que recuperar

el monte para su gente,

con medianías al frente

camuflada con helechos,

aceviños, haya, brezos

y los tesoros que ofrece.

 

Que gozo sentir los versos

salidos del corazón

dichos a todo pulmón

con la fuerza de los vientos.

Y no nos falten arrestos

para defender lo nuestro

sin pasarse de los gestos.

Cuenten conmigo el primero:

¡Gomera cuánto te quiero!

antonio luis de san pedro.

 

¡Gomera cuánto te quiero

porque eres nuestro asidero!

 

Antonio de San Pedro

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