Décimas que recuerdan lo vivido, a un año del Incendio de la Gomera

arureEstos versos desde Arure nos recuerdan en vísperas del incendio de 2012 la dura experiencia vivida por aquellos que tuvieron ante sus ojos un terrible acontecimiento que ha quedado para la historia como uno de los peores sucesos de la Gomera.

Su autor Antonio Luis de San Pedro , como el mismo dice en su último verso, nieto del poeta Antonio Niebla, nos presenta una reflexión a la vez que expresa en primera persona sus experiencias con un monte que era parte de todos, al tiempo que relata al detalle lo vivido aquellas jornadas donde el fuego fue el triste protagonista de unas horas interminables:

Los principios de un ‘poeta’.-

Doy las gracias de antemano

por estos versos ‘profanos’

que me atrevo a proferir.

 

A nadie quisiera herir

y, si acaso sucediera,

espero benevolencia

porque soy nuevo en el tema

y pido su deferencia.

 

La aptitud ante la vida

es vivirla cada día

con ánimo y alegría,

y evocar las travesías

como experiencias vividas;

aprender de las heridas

y aceptarlas bendecidas,

no haciéndolas repetidas.

 

No hay sentido en juzgar,

lo que importa es caminar;

aunque se puede observar

los años que han transcurridos

desde que el bosque ha nacido

hasta la hora en que escribo:

¡Un reducto milenario

de la era del terciario!

Las gentes de medianías,

en su amplia mayoría,

respetan su laurisilva

y por ella dan la vida.

 

La simbiosis mantenida,

entre todos concebida,

es la verdad entendida

para que el monte perviva.

Hombres, plantas y animales

viviendo en armonía,

en perfecta sintonía

y en ecosistemas tales

que nos lo trajo a hoy en día.

 

Por la interacción que había

el monte casi no ardía

porque de él se dependía.

Mucho tiempo no ha pasado

que del monte se ha sacado:

madera para el hogar,

para guisar y hornear,

‘juargazo’ para corrales,

pastos para animales…

Y en los tiempos más estrechos

hasta la harina de helechos.

 

La verdad no es entendida

cuando tanta ingeniería,

con tanta tecnología,

no eviten en tantos días

las pérdidas producidas

y que para la extinción

de tanta devastación

pasen cincuenta y dos días.

 

Hasta los setenta y tantos

del siglo que ha terminado

era la raya del monte

la que separaba el bosque

de los sitios cultivados,

llamado ahora Preparque,

lugar muy poco cuidado

y el espacio que más arde.

 

Con todo el monte jaral

es complicado evitar

que algo se llegue a quemar

y el fuego pueda parar.

 

Me es difícil olvidar

la eficacia demostrada

y espero no pase nada

que se vuelva a lamentar.

 

El Parque se ha de limpiar

para hacerlo monte hueco,

que la luz baje del techo

y la lluvia horizontal

lo pueda todo impregnar

desde el ramaje hasta el suelo,

sin que haya impedimento

por tanto monte jaral.

 

Todo ese monte jaral

se debería aclarar

de modo que el árbol crezca

y a su vez se robustezca.

 

El Jardín, La Charca y Jorge

son ejemplos de ese monte

que pulula por el Parque,

donde el fuego no se esparce.

 

En el bosque que apreciamos

el hombre ha puesto su mano

por más de quinientos años.

Que no se llamen a engaños:

la belleza que hoy tenemos,

toda ella se la debemos

a pueblos de medianías

y al ganado que tenían.

 

Verán lo que han de hacer

si lo quieren mantener.

Si sacan las carreteras

y crean unas barreras

entre el Preparque y el monte

o si vuelve aquel entonces

donde había sintonía

entre El Parque y Medianías.

 

Lo que les voy a versar

es mi experiencia vivida

y la vivencia sentida

que he podido conversar

con los vecinos del pueblo

y de algún otro lugar,

comentada por los medios

y la versión oficial.

 

Inicio del fuego.-

 

Aquí comienzan los hechos

que voy a narrar en versos:

Es cuatro de dos mil doce.

Agosto, tres de la tarde,

cuando apreciamos entonces

el humo de algo que arde.

Un incendio que, a la postre

casi arrasa nuestros montes.

 

Incendio de La Gomera

 

– versos desde Arure –

 

Más tarde subió un pariente

donde llaman Vega Vuelta.

Dijo que la zona ardiente

era por La Fortaleza.

Cuentan que fueron tres fuegos:

en Las Paredes primero;

luego por Apartaderos,

Los Manantiales siguieron.

 

El fuego avanza sin calma

hacia Imada y La Dama,

igual que a las partes altas.

 

Los evacuados primeros

en Pavón y Apartaderos.

Poco después prosiguieron

con Imada e Igualero

y en Chipude el pueblo entero.

 

La hora del error.-

 

La hora del magno error

es a las veinte del siete,

cuando un ‘sabío’ señor

dice que al día siguiente:

“¡Bastan nuestras dotaciones,

llévense los hidroaviones!”

Decisión que a los gomeros

deja a merced del fuego.

 

Grave error de quien lo hiciera.

Un daño hacia La Gomera

llevarse medios vitales

cuando el fuego está que arde.

 

El nivel dos se rebaja,

la situación se relaja,

mientras ya se preveía

que un fuerte calor venía.

 

El fuego se reaviva.-

 

Diez de agosto por la tarde,

siendo la una y piquito,

cuando nuevamente arde

Tajoras y Pajaritos.

 

El calor es infernal,

casi nada de humedad,

condiciones ideales

para que el fuego se ensañe.

 

El incendio incontrolado

alcanza el Barranco el Agua;

se desaloja El Cercado,

continuando con las Hayas.

Hay miedo por todos lados.

El pánico les embarga.

El desastre desbocado

puede llegar a sus casas.

 

Cuenta un vecino del pueblo

que una lengua de fuego

le dio un susto a los curiosos

que huyeron en desbandada

y la UME fue asediada.

 

Mi recuerdo más dichoso

para este grupo ‘guerrero’

que luchaba contra el fuego.

 

Meritorio destacar

la labor tan eficaz

que evitó que ardiera más,

Las Hayas en su total.

Mas no se puede aprobar

y parece ineficaz

que el fuego fuera a saltar

desde lo alto a Guadá.

 

1ª Evacuación en Arure.-

 

El sábado día once,

cuatro de la madrugada,

se oyeron los altavoces

anunciando retirada:

“Evacuación preventiva”,

se anuncia en megafonía.

 

Para mí convaleciente,

la medida es sorprendente.

Muchos vecinos se fueron

con lo que tenían puesto.

 

El trasiego era intenso.

Todo el mundo en movimiento.

Ambulancias, policías,

y guardia civil corrían

sacando en apenas nada

la gente más limitada.

 

Otros, en cambio, optaban

por tomarlo con más calma:

la medida no era urgente

y admitía ser paciente.

 

En mi caso, me arreglé,

mi bolso lo preparé,

ordené las medicinas

y bajé a donde las primas.

Allí tomamos café,

creo que más de una vez.

 

Estuvimos conversando

de lo que estaba pasando

o de cualquier otro asunto

al que alguno refiriera,

mientras que el resto del grupo

andaba en la carretera.

 

La Guardia Civil seguía

para abajo y para arriba,

aunque nada nos decía

sobre lo que acontecía.

 

Como a eso de las nueve,

al no variar la amenaza,

cada cual se fue a su casa

atentos a qué sucede.

Y pocas horas después,

pasarían unas tres,

volvió a sonar el parlante

desde Cancero Morero:

“Se ordena evacuar el pueblo”,

según las autoridades.

 

Mi primo subió a bajar

mi bolso para marchar.

No sin antes preguntar

la razón de la medida

y en qué dirección migrar,

para abajo o para arriba.

 

Ninguna razón les dieron

a los que se la pidieron,

 

Incendio de La Gomera

 

– versos desde Arure –

solamente que cumplían

órdenes que recibían.

En tanto me arreglaba

mi mente no se callaba

por mucho que lo intentaba,

porque yo me preguntaba:

“¿Dónde nos van a meter,

a dónde poder correr?

Pues saldremos por el mar”,

fue lo que llegué a pensar.

Con esa idea presente

me sentí más relajado

teniendo de referente

el muelle con los dos barcos.

 

Por ello lo que más quise

fue prepararme mi bolso,

ya que por un modo u otro

terminaba en Tenerife.

 

Nuestro grupo familiar

estaba tan concurrido

que podemos encontrar

hermanos, hijos, maridos,

nietos, sobrinos y primos,

siendo veinte en su total.

 

Si bien nos falta contar

cuatro perros añadidos.

Fuimos a La Palomera

del núcleo de Borbalán,

a casa de Maribella,

como ‘cuartel general’.

 

Dejamos los macundales

que cada uno llevaba

y, entre todo el equipaje,

el mío, el que más pesaba.

 

Esa tarde nos pasamos

por la Casa Cultural

pues quisimos visitar

a los demás evacuados.

Saludamos, departimos

y con todos compartimos,

ya que éramos vecinos,

parientes y conocidos.

 

Allí estaban alojados

muchos de los evacuados:

Los de Arure, de Las Hayas

y el que de Guadá bajaba.

 

Como quiera que eran tantos

dispusieron de otro tanto

y el Pabellón del Colegio

gozó de tal ‘privilegio’.

 

La casa de Maribella,

aunque grande, era pequeña

para tanto personal

y había que procurar

conseguir otro lugar

donde intentar descansar

y ésta fue la solución:

¡Los hombres, al Pabellón!

Era bastante cercano

y hasta allí nos acercamos

para reservar ‘camastro’

y para ver qué cenamos.

 

Confirmamos lo primero

y en cuanto a lo demás,

que sí también nos dijeron,

debiendo de confirmar.

Al no decir previamente

las personas concurrentes,

el chico de la Cruz Roja

conmigo casi se enoja.

 

Entonces vi que Juan Luis

empezó a contribuir

para darnos la comida

a toda nuestra cuadrilla.

Ya la noche bien entrada

se separa el ‘pelotón’:

los hombres al Pabellón,

las mujeres a la casa.

 

Entiendo que en ambos sitios

se durmió más bien poquito:

en el nuestro, por ronquidos

y en la casa, los ladridos.

Tres de los perros citados

formaron tanta perrera

en esa parte trasera,

por no estar acostumbrados,

que Maribella ha optado

por irse a la camioneta,

por si vecinos de al lado

pasaban la noche en vela.

 

En Arure se tenía

un punto de información.

Desde allí se nos decía

del fuego y su evolución.

Manteniendo conexión

con Las Hayas, El Cercado

y Chipude al otro lado

o en cualquier otro rincón.

 

Quiero dejar mencionado

a aquellos que se quedaron

y a hurtadillas procuraron

atender todo el ganado.

En Arure y en Las Hayas

procedieron de igual forma

y sin importar la norma,

al menos les dieron agua.

 

Anécdotas que contar,

para elegir por millar,

como gente que dejaba

la ropa más adecuada

por si a escapar se llegaba,

ya que algunas contaban

que en su equipaje llevaban

más bañadores que bragas.

 

Una de las mencionadas

se bañaba por el puerto

y, mientras la vista alzaba,

vio los nubarrones negros

que por arriba asomaban

e ipso facto gritaba:

¡Ay, hermanita, hermanita,

que se quema la ropita!

 

Como otras dos hermanas

que contagiaban jarana

con bromas y carcajadas

y que a muchos encantaba.

 

Son múltiples los eventos

que no me atrevo a decir

por si surge el descontento,

pero que me hacen reír.

Es bien lógico pensar

que si bajas para el mar,

bikinis hay que llevar.

 

Cuando gritas atacada,

porque el fuego se acercaba,

quieres decir mucho más:

Que todo se va a quemar

y nada se va a salvar.

 

Vivíamos en estrés

en un estado alterado,

y es muy fácil entender

comportamientos variados.

Es mejor tomarlo a broma

que no vivir la congoja

y la angustia desbordada

del lunes de madrugada.

 

Domingo de tensa espera.-

 

En cuanto aclaraba el día

Maribella ya subía

por la Merca para arriba

y a Pinto se dirigía.

 

Sus perros la acompañaban,

le dio comida a las cabras

mientras que en Las Laderitas

su cochino desgañita.

El domingo fue ese día

de la ansiedad contenida,

como si se presagiara

lo que en la noche pasara.

 

En mi estado personal,

fueron horas de pesar

y, según pude indagar,

muchos sintieron igual.

 

Nos volvimos a pasar

por la Casa Cultural.

El ánimo estaba bajo,

además de estar cansados.

Se sentía el malestar

y la aflicción personal,

porque gente de Las Hayas

daba casas por quemadas.

 

Mi estado particular

me empezó a jugar muy mal,

al pretender encontrar

la solución personal.

Con el mucho devanar

la respuesta creí hallar,

sin saber que dicho andar

‘Otro’ lo iba a trazar.

Aún con la situación,

era todo un honor,

disfrutar la exhibición

que nos daba la aviación.

 

Ante tal demostración,

cabe la comparación

con los eventos circenses

que tanto atrae a la gente.

 

Uno en particular

es digno de mencionar:

bajando desde lo alto,

enfilaba el barranco

y en la Casa Cultural

giraba hacia Borbalán.

Yo creo que se alcanzaba

con una buena pedrada.

Fue muy espectacular

la pericia del piloto

que ninguno de los otros

se le podía igualar.

 

Y era tan eficaz

en la labor realizada

que ocho minutos tardaba

para ir y regresar.

 

La hora del terror.-

 

Es la hora del terror,

noche del domingo doce,

como a eso de las once,

daba comienzo el horror.

Desde El Atajo saltó

el fuego para Guadá,

comenzando a ser verdad

lo que la gente temió.

Rosy y otra de mis primas

fueron las más sorprendidas.

Escucharon que decían:

“Ya el fuego saltó de arriba”.

Iban con mi tía Rosa

llevándola en volandillas,

caminando a toda prisa

para leernos la nota.

 

Rosy estaba muy nerviosa.

Empezó a recoger cosas,

entre ropa y medicinas,

porque estaba decidida

a salir como una flecha

para el muelle de Vueltas.

 

Intentamos serenarla

hasta saber qué pasaba.

La noticia que nos daba

era de tanto calado

que fuimos a comprobarla

por si no hubiera pasado.

Luis se bajó a preguntar

en la Casa Cultural

y en segundos apenas

se llenó la carretera.

 

Los coches eran riadas,

con la gente que bajaba

escapando de las llamas;

y un consejero exhortaba:

“¡Para el muelle!”, les gritaba

y a la vez lo señalaba.

Nosotros también giramos

y a la casa regresamos.

 

En el tiempo que tardamos,

 

Silvia había comprobado

que la noticia era cierta.

Rosy estaba más inquieta.

 

Ya estaba que se marchaba

con su mamá preparada,

pero su hijo no estaba

y no se localizaba.

Maribella, entre tanto,

llamaba desde lo alto,

porque de arriba veían

como todo el Valle ardía.

 

La enorme bola de llamas

que de Arure se advertía

a todos les parecía

que la gente se abrasaba.

Maribella no cesaba,

una y otra vez gritaba:

“¡Vayan todos para Vueltas!

porque humo y llamaradas

se ven sentido a la Merca”.

 

Estaba desesperada

Su familia peligraba

y no podía hacer nada.

Llamó al uno, uno, dos,

toda atacada, exclamando:

¡Manden los barcos por Dios,

que todo se está abrasando!

 

Y de allí le contestaron

que los barcos ya zarparon.

Por el tiempo que tardaron,

no sé de donde largaron.

Los vecinos aquí arriba

apenas lo resistían.

 

Todos familia tenían,

sin saber si estaban vivas.

Trankimazin, nolotil,

no sé cuanto más tomaban

para poder asumir

la tragedia que pasaban.

 

Todos fueron para Vueltas

mientras yo di media vuelta.

Sentía que no podría

aguantar la algarabía,

el miedo y tanto dolor.

Me regresé al Pabellón

y a la Cruz Roja entregué

mis cuidados y mi estrés.

 

A mi primo desperté

porque estaba ya durmiendo

y bajito le conté

lo que estaba sucediendo.

 

Algunos otros parientes

como el resto de la gente,

ya se habían acostado

y no estaban enterados.

Yo tranquilo me quedé

hablando con los demás

cuando a cierta hora ya

a descansar me tumbé.

 

Como a eso de las cinco

me despertaron los gritos.

El conductor de ambulancias

preguntaba: ¿Quién se embarca?

El Valle era dantesco.

Parecía el mismo infierno.

Todo el palmeral ardiendo,

los animales muriendo,

los enseres se incendiaban,

las máquinas estallaban,

muchas casas se quemaban

y bombonas explotaban.

 

Dentro del reinante caos,

la UME despavorida,

huyen para cualquier lado

buscando salvar sus vidas.

Y a los que estaban perdidos,

cuentan que algunos vecinos

los metieron en sus casas

mientras el infierno pasa.

 

Llega a mi mente el recuerdo

cuando decía mi abuelo,

combatiendo otro fuego

con los vecinos del pueblo,

que por poco se los traga:

“¡Juyan cooso que nos brama!”

 

Mas ese grupo que huía

sabía a dónde corría.

Mil historias que contar

de vecinos de Guadá:

corrían la carretera,

bajaban a La Calera,

se refugiaban en cuevas,

al Palmarejo llegaban,

mientras las llamas pasaban

por encima o a su vera.

 

Hoy les muestro mi pesar

por la situación vivida.

No puedo más que rezar

con esta oración sencilla:

“Dios y María bendita

darles lo que necesitan:

la paz y salud que pidan

con todo lo que precisan”.

El fuego ya no prospera

en la unión de carreteras

entre la Piedra Quebrada

y el núcleo Las Orijamas.

 

Siendo muchos los que opinan

que tal violencia declina

porque se encuentra de frente

un formidable oponente.

 

Era la brisa marina

que avanzaba Valle arriba,

fuerza que contrarrestaba

a ese fuego que bajaba,

por lo que el humo se alzaba

en dirección a La Merca

y abajo sólo llegaba

alguna que otra pavesa.

 

Gracias a San Salvador,

porque parece un milagro,

que todos se hayan salvado

del humo, fuego y calor.

 

La Virgen de La Salud,

también estuvo presente,

veló por la multitud,

guardando a toda su gente.

 

Mención al señor alcalde

y a todos los concejales,

por la situación vivida

y la impotencia sufrida.

 

Para tanta desazón

se requiere gran valor

y fuerza considerable

para evitar derrumbarse.

 

Cada persona, una historia

de angustia y de sufrimiento.

No es fácil sentir la gloria

en esos tristes momentos.

 

Maribella y Rosy estaban

separadas en distancia,

pero unidas por las ansias

de que no pasara nada.

Tampoco puedo olvidar

a los que estaban afuera,

sufriendo sobremanera,

con angustia y con pesar.

 

Los hijos y los parientes,

hermanos y demás gente,

con un drama que desgarra

tal cual Moisés nos narra.

Como nietos y sobrinos

del mismo grupo de primos,

que por whatsapp requerían

de su abuela y de sus tíos.

 

Silvia y Rosy se decían:

¡Qué contestarles, Dios mío!

estando los aludidos

plácidamente dormidos.

 

2ª Evacuación.-

 

Me dicen que toda Vueltas

estaba de bote en bote,

esperando las navieras,

de Armas y de Fred Olsen.

 

Gente apelotonada,

los coches la desbordaban.

Tan rebosados estaban

que la barrera bajaban.

Separaban los de adentro

de los que estaban afuera,

temiendo un comportamiento

que nunca se produjera.

 

De Tenerife, decían,

antidisturbios llegaban.

¡A nosotros nos bastaban

La Guardia y dos policías!

¿Los gomeros somos magos?

Eso nos trae sin cuidado.

Los chiste nos los llevamos

y todos los festejamos.

Mas quede claro una cosa:

teniendo que comportarnos,

ejemplo sí que nos sobra

y lo hemos demostrado.

 

Comportamiento ejemplar

a la hora de embarcar.

Fred Olsen cargó primero,

seguido por Armas luego.

En este segundo barco

iba yo de pasajero.

Armas hizo un tercero

a Los Cristianos de largo.

 

El primero y el segundo

llevó la gente a La Villa.

Creo que sólo algunos

seguimos a la otra Isla.

 

En ambos iban parientes

de Maribella, mi prima:

mamá, hermana e hija;

y su suegra en el siguiente.

Cuando las cosas no pasan

no se las puede contar.

 

Me sobresalta pensar

si me hubiera echado a andar,

como hicieron los demás

y tenerme que aguantar

tantas horas de pesar

hasta poder embarcar.

Mientras esto sucedía

La Guardia Civil hacía

otra visita ‘sorpresa’

en la ‘Somá de Las Cuevas’.

 

Las palabras se salían,

Maribella se escondía,

y entre tantas palabras,

nombraron hasta las cabras.

La Guardia Civil quería

que la casa se evacuara

y ellos les comentaban:

Para arriba no podían,

para abajo, lo que había.

 

Al final, así quedaban,

pues donde ellos vivían

muy bien seguro estaban.

El retorno.-

¡Un retorno escalonado

de quién se habían marchado!

Algunos nunca se fueron.

Otros el lunes subieron,

también el martes siguiente

como el miércoles volvieron.

 

Pero otro poco de gente

en el año no lo hicieron.

Mi primo Luis se enteraba

que, entre la tarde y noche,

subía el que abajo estaba

y hasta volvían los coches.

Siendo una sorpresa enorme

que, sin variar condiciones,

ese lunes por la noche

durmieran en sus colchones.

 

Los que estaban en la Villa

fue el martes que retornaban,

aunque por vía marina

por carreteras cortadas.

 

Ese viaje de retorno

dicen que les costó caro,

pareciera un tanto raro

y salido del entorno.

Cuentan que las condiciones

para movilizaciones

de las personas mayores

no eran de las mejores.

 

Un peligro transitar,

embarcar, desembarcar;

luego, en lugar de pagar,

más bien debieron cobrar.

Tres horas duró ese viaje

pues pagaron un pasaje

como en un tour de recreo.

 

Aunque el mar estaba bueno,

completamente sereno.

Pero la gente no andaba

y mucho menos estaba

de turismo veraniego.

 

El jueves fue mi regreso,

acompañando a mis primos,

acto que les agradezco,

pues fui muy bien atendido.

Mi primo me subió el bolso

que estaba sobre pesado,

diciendo en tono jocoso

que hasta se había encorvado.

 

El agradecimiento.-

 

Nuestro grupo familiar,

y Arure se ha de sumar,

las gracias les quiere dar

al Núcleo de El Arenal,

situado en Borbalán,

por el esmerado afán,

con todo el saber estar

y tanto calor de hogar.

 

Las gracias de corazón.

Nos han dado una lección

en cuanto alimentación,

el cuidado y la atención,

el cariño y devoción

llenando nuestro fervor.

Con ese gran pundonor

es que se muestra el Amor.

 

Grandes, juventud e infancia,

servían con tal prestancia

que aún queriendo nombrar

alguno en particular

se puede menospreciar

al conjunto en general.

Por su sobrada audacia,

gracias, gracias, y más gracias.

 

Los dos centros de acogida

merecen ser resaltados

por el trato dedicado

a la gente recibida.

También será recordada

la comida remitida,

el agua y la bebida,

por empresas dispensada.

 

Aquí no aparecen nombres

que no quieran que se nombren,

salvo los que lo admitieron,

quienes, así mismo, fueron

los que la idea me dieron.

¡¡¡Vaya la dedicatoria

en honor y la memoria

de los que hicieron historia!!!

 

Dedicatoria.-

 

A los que hicieron historia

siendo desinteresados,

para ellos un versado

que perviva en la memoria.

Como quiera que son tantos

que no caben en la rima,

Arure eleva su canto

a la relación seguida:

Vecinos de El Arenal

y demás de Borbalán,

el Centro Nereida Díaz

y la Casa Cultural,

Guardia Civil, Policía

y un consejero especial,

Ayuntamiento y alcalde

y el resto de concejales.

 

Centro Médico y Mayores,

Cruz Roja y trabajadores,

Ambulancias y Taxistas,

empresas y Hotel Gran Rey,

los partícipes que existan

que aun no siendo por ley,

dejaron su firma inscrita

que con hechos se acredita.

 

Las entidades citadas

se mostraron acertadas

y han de ser felicitadas

por la decisión tomada.

Pero hemos de entender

que el mérito ha de ser

de la persona entregada

que brinda su esencia humana.

 

Mis versos finales.-

 

Espero no falte nadie

y, si acaso sucediera,

sepan que no es un desaire,

pues mi verso no quisiera

que me olvidara de alguien.

 

Para aquellos no nombrados,

mi respeto más fundado,

dedicado en triplicado.

Sin ningún sesgo de duda.

mi espíritu os saluda.

Este es mi nombre al completo:

 

Antonio Luis de San Pedro.

Soy nieto para más señas

del poeta Antonio Niebla.

Vaya con mi nombre entero

Mi agradecimiento enorme.

 

Por Luis S. Hdez

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