Cada día de Chipude a San Sebastián, el camino de la ilusión

Por GomeraToday.-  El pasado martes día 2 de Abril se conmemoraba en todo el mundo el día de la concienciación del Autismo. El autismo es un trastorno  que afecta aproximadamente a uno de cada 150 niños a nivel mundial aunque no se trata de una enfermedad, si es verdad que se puede actuar sobre él de varias maneras, entre ellas destacan por su importancia las terapias cognitivo-conductuales de las personas que interactúan con los que la padecen, necesitando bastante formación e información de cuál es la manera más adecuada de integrarlos en la sociedad.

Es en este camino diario donde tanto los docentes que pasan gran parte del día con ellos, como familiares y por supuesto sus propios padres tienen una labor de hormiguitas pero eficaz si se tiene paciencia con ellos.

Siendo conscientes de todo ello, desde Gomeratoday no nos queremos quedar con la celebración de un solo día en el que todo se tiñe de azul por la causa y pasar página al día siguiente, pretendemos pues hacer presente al menos con este artículo que la tarea con estas personas autistas sea diaria pero continua, la sociedad necesita saber a lo que se enfrentan los que están a su alrededor para mirles de otra manera.

En la Gomera son varios los casos de personas, sobre todo niños que padecen este trastorno y el consiguiente esfuerzo de sus padres por orientarlos y educarlos, y por ello queremos llevar en primera persona la situación de una gomera, Guacimara Navarro y su hijo Ankor que padece autismo:

Era el año 2004 cuando Guacimara daba a luz a un bello bebé al que llamó Ankor.  Hasta aquí todo normal. A los 20 meses de nacer, Ankor todavía es un niño “normal” y comienza a ir a la guardería. Es entonces cuando aparecen los primeros síntomas. Empieza a perder el poco lenguaje que sabía, a la vez que manifiesta ciertas conductas estereotipadas, como movimientos repetitivos. “Cogía un coche y le daba vueltas a la rueda sin parar y otras cosas que antes no hacía. También dejó de ser sociable”, relata su madre. “Preocupada fui al pediatra y la respuesta fue que cada niño tiene su ritmo”. Eso la tranquilizó pero sólo en un primer momento… “Afortunadamente tuve suerte, y la dueña de la guardería me puso sobre aviso: ‘Guaci’, pasa algo, Ankor no lleva el mismo ritmo de aprendizaje que los otros niños”.

“Pensando que era un retraso del lenguaje fui al otorrino”. Efectivamente, Ankor tenía una deficiencia auditiva que supera tras un tratamiento tedioso, pero sus síntomas no remiten. “Se suponía que a los cuatro meses tendría que tener un nivel adecuado, pero el niño no mejora. Seguían las estereotipias y los aleteos con las manos, que movía de forma repetitiva y sin sentido. Continuamente decía ‘no’ con la cabeza”, relata Guacimara, quien comienza a identificar las conductas de su hijo como las propias de un de un niño con autismo.

Con el fin de fomentar sus habilidades acudió al pedagogo experto en Psicomotricidad de la Universidad de La Laguna, Miguel Llorca, quien les remite a la Asociación de Padres de Niños con Autismo de Tenerife (Apanate).Al poco tiempo a la joven madre le hablan de otro lugar.

Decidió, entonces, continuar con su peregrinaje en busca de la mejor manera de potenciar sus posibilidades de vivir mejor,
Ankor entró en un colegio público, y lejos de suponer un alivio, para su madre se convirtió en una auténtica odisea para poder compatibilizarlo con su vida laboral.

Posteriormente, Guacimara entra en contacto con un centro específico en Tenerife cuando Ankor todavía no llegaba los 4 años donde recibe terapia ABA con buenos resultados los primeros cursos, ya desde el primer mes que Ankor empezó su madre notó una evolución considerable. “Ankor comienza a estar; de repente hay ruido en la casa, el niño empieza a abrir el grifo para jugar con el agua, empieza a mirarme; y a los seis meses de estar allí me dio el primer beso, yo no me lo podía creer, casi me muero”.

Fueron muchos años de silencio”. Guacimara, que a su vez es Logopeda, relata cómo celebra cada pequeño gran paso de su hijo. “Los avances de un niño con autismo se valoran más; por ejemplo, el control de esfínter es una de las cosas más complicadas para los niños con patologías. Cuando él los controló hice una fiesta. El día que coge su mochila y la lleva al perchero, ese día estas feliz durante todo el día. Lo mismo ocurrió o la primera vez que se puso la camiseta o se quitó el pantalón él solito”.

Esta gomera se siente relativamente afortunada por haber conseguido un diagnóstico correcto de Ankor a los tres años, aunque considera que “podría haber sido incluso antes”. Esta madre argumenta no entender cómo es posible que un niño pase numerosas revisiones médicas y vacunas obligatorias durante sus tres primeros años de vida y tenga una TGD que pase inadvertida. “Los pediatras no tienen formación en patologías de desarrollo a nivel cognitivo, es decir, que si un niño no tiene mal la cadera, los pulmones, las manos o los ojos, si no su cerebro, puede pasar por sano”, lamenta antes de afirmar que “no es lógico que el sistema no sea capaz de pasarles un test psicológico. Deberían  poner un psicólogo infantil en los centros de salud.” reivindica.

En la actualidad y después de permanecer en este centro unos 4 años, Ankor ya tiene 8, Guacimara decide cambiar de hábitat ya que la efectividad del principio había desaparecido en Ankor, era el momento de volver a la Gomera, su decisión se cimenta en la gran cualidad de Ankor en las relaciones sociales a pesar de su incapacidad para desarrollar el lenguaje, lo que seguramente le va a posibilitar integrarse rápido en un nuevo lugar si él pone ya de su parte, el resto es cuestión de los demás.

La poca población de la isla puede posibilitarle al niño que sus profesores le dediquen el tiempo que necesita, por lo que después de una reunión con los representantes de la consejería de educación se llega al acuerdo de integrarlo en el Aula Enclave que tiene el colegio Ruiz de Padrón de San Sebastián donde con él son 4 los niños y donde su profesora y su auxiliar se encargan de aplicar las terapias adecuadas en su avance que en estos dos trimestres ya se notan.

La consejería también ayuda a Ankor con una beca de transporte, ya que la familia reside en Chipude y ha de ir y volver cada día con 45 minutos de trayecto en cada sentido, regresando después de terminar la jornada escolar para comer en casa, así aprende muchas cosas en su autonomía personal y hace vida familiar. En este sentido y después de 6 meses Guaci está muy contenta y sus previsiones se van cumpliendo,  Ankor está encantado en su nuevo centro y la alegría de ver a su hijo dar un pasito más le da fuerzas para encarar los kilómetros con la esperanza de ver a un niño independiente, en el camino de la ilusión.

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