Tristes armas si no son las palabras (Artículo de Opinión)

Hace algunos días, se hacía pública una encuesta que señalaba que más de la mitad de los escolares españoles entre doce y dieciocho años, considera que “la violencia está justificada para conseguir determinados fines”. Un porcentaje importante utiliza internet para “insultar o amenazar a amigos o conocidos”, mientras que otro grupo significativo está interesado en aprender a usar armas de fuego. Se trata de datos preocupantes extraídos de un sondeo realizado a 7000 estudiantes españoles por parte de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) con apoyo de la Comisión Europea. Algo falla.

El pasado lunes catorce, en el instituto de mayor ocupación de la pequeña isla canaria de La Gomera, un profesor ponía rostro a uno de los mayores problemas que residen en nuestras clases. Y es que, el que un alumno agreda a un educador, es como castigar al respeto y a la tolerancia por el simple hecho de defenderse con ideas y convicciones. El jueves diecisiete, otro docente, durante el ejercicio de su labor docente, era maltratado por un padre en Vélez-Málaga. Dos agresiones en menos de una semana. Algo sigue fallando.

Dice la Real Academia Española que el conflicto se define como la “coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos”. Y es que la violencia representa la acción contra el natural modo de proceder de una persona.

No volteemos la cabeza. La violencia en las aulas es una realidad que debe ser denunciada públicamente. ¿Cuándo aprenderemos que, la vida se defiende con argumentos y no con puños? ¿Cuándo entenderemos que las ideas son más fuertes que los porrazos? ¿Cuándo cesarán las humillaciones al enseñante? Ésas son algunas de las preguntas que un profesor se suele hacer cuando sale de una clase en la que ha tenido que mediar ante una situación de conflicto.

Decía Miguel Hernández “tristes armas si no son las palabras”. Vocablos como “humillación”, “conflicto” e “insultos” se han hecho habituales en un trabajo que nace del humanismo, que representa valores alejados del campo semántico de ‘violencia’. Por eso, hoy cobra más fuerza las palabras del poeta. Alguno se comporta como Bernarda Alba imponiendo su voluntad mientras olvida ser caballero andante como el bueno de Quijote o no sabe de la fuerza del amor, tal y como nos enseñaron Calisto y Melibea.

Y podemos echarle la culpa a la televisión, a los videojuegos, a la sociedad  o a las culturas de Oriente y Occidente unidas. Podemos cerrar los ojos a una realidad que va en aumento. Pero, jamás puede justificarse el que un trabajador reciba golpes por cumplir con sus funciones. Y es que ser educador, en los tiempos que corren, se está convirtiendo en una profesión de alto riesgo. Quizá algún día los legisladores le darán semejante categoría. Pero hasta

entonces, conviene que los argumentos empiecen a vencer a los mamporros y estacazos. La violencia debe ser castigada con la justicia que no es otra cosa que defender los postulados revolucionarios que se aprenden en Historia: aquellos de libertad, igualdad y fraternidad.

Hemos pasado de una sociedad defensora a ultranza de la autoridad del profesor, a otra que juzga cualquier decisión. Todo el mundo se cree con derechos para recordarle al docente el lugar que, consideran, debe ocupar. Es fundamental que haya medios útiles que propicien mayor interrelación entre la escuela y la familia, verdadero motor de la educación. Y es que los padres no son colegas o amigos de sus hijos, sino sus máximos educadores. Diálogo e implicación familiar. Sólo así podremos prevenir que no vuelva a repetirse situaciones como la de La Gomera y la de Vélez-Málaga, los primeros casos de agresión en las aulas españolas durante este año.

Educar no es decir “sí” a todo, también es decir “no”, fijar normas y supervisar el cumplimiento de éstas. Educar es crear auténticos ciudadanos con la simple ayuda de una tiza y la palabra. Educar es invertir en futuro. Educar es la labor más hermosa del mundo, porque el uno aprende del otro y al contrario. Educar es una labor que nace del corazón y al corazón vuelve. Educar es, como decía Cortázar, “ser realista, es pedir imposibles”.

Por eso, frente a los golpes, hay motivos para seguir soñando. La gran mayoría de los estudiantes españoles se dedican a soñar con los ojos abiertos, a mover el mundo con los ojos cerrados. La gran mayoría de nuestros alumnos sabe que las palabras del poeta de Orihuela son ciertas. El que todos, sin excepción, las pongan en práctica debe ser nuestra razón de ser.

Erasmo Chinea Correa.

Profesor de Lengua Castellana y Literatura.

About Gomeratoday

Te puede interesar

La Gomera elige los nuevos cursos que se impartirán en la próxima edición de la Universidad de Verano

La ciudadanía ha sido la encargada de seleccionar los temas para esta nueva convocatoria que …

“Por el empleo de calidad” por Casimiro Curbelo

Por el empleo de calidad Casimiro Curbelo Presidente del Cabildo de La Gomera y portavoz …

Translate »